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さて、どちらへ行かう風がふく

bien... ¿a dónde ir...?
...el viento
sopla...


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12 febrero 2024

Rascarse


 

Contra la rama que cedió a la tormenta. Rascarse.
Como los caballos de enmarañadas crines.
Así en las mañanas tibias de invierno. En todas ellas.
Con el sol en lo más alto. Derribado sobre la hierba.









22 diciembre 2023

19 diciembre 2023

la luz recogida

 




todavía humeantes
retira las pequeñas velas votivas
la luz
recogida en los iconos dorados
de la ermita bizantina




Monastiraki, Atenas







12 diciembre 2023

Sin que nadie mire, sin que nadie escuche.


Como cuando echa la semilla en la tierra y se va a dormir. Y pasa la noche y el día. Y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.

Me ha venido a la memoria. Tras el chasquido de la piña que trajimos del bosque. La que recogimos junto a la cueva prehistórica. Estaba bien compacta entonces, perfecta, como recién dejada por alguien sobre la hierba.

Desde ese día se va abriendo poco a poco. Inesperadamente. El chasquido solo le he escuchado otra vez. El día en que me di cuenta de lo que era. Mientras estaba escribiendo algo que ya no recuerdo.
 

A veces, cuando no puedo dormir, pienso en la piña abriéndose en la oscuridad de la noche. Sin que nadie mire, sin que nadie escuche. En todas las cosas dejadas por nadie sobre la tierra. Perfectas. Abriéndose poco a poco a lo que son. Imperceptiblemente. Sin que nadie sepa cómo.












07 diciembre 2023

Como la luz de la tarde la luz de esta mañana

  

Como la luz de la tarde. Sobre la roca. Al final del viaje. De pronto, como la luz de la tarde la luz de esta mañana, llenando poco a poco con su calor la pequeña plaza junto a la iglesia bizantina.

¿Por qué fluye ahora aquello que no tiene nombre? ¿Dónde está la fuente de la que mana? Ahora. Justo en el momento en el que todas las cosas son. Y puedo verlas.

No hay esfuerzo, no hay intención.

Como la luz de la tarde la luz de esta mañana. Sobre la hierba todavía blanca de los prados. Qué frías las hojas de hierbabuena. Qué trasparente su olor. Su delicado brillo bajo el primer sol de la mañana.

De vez en cuando el vaho junto al hocico del poni. Qué quieto. Qué peludito. Sobre su costado apenas el movimiento de una delgada sombra. Ramitas de un árbol joven.

La ligereza de un murmullo en el arroyo, de todo lo que con él va… Sin más. El arroyo…



Al final del viaje. La luz de la mañana. Algo que fluye, algo que se muestra y se esconde. La blancura de las columnas de más dos mil años sobre la roca, de las ramas de los abedules extendiendo su brillo más allá del agua.

 










23 noviembre 2023

Salí en su busca.

 




Sabía que no estaría, pero aun así salí en su busca. La voz del sapo partero. El vuelo del vencejo. No sé por qué. Creería que estuviese aquí, el verano todavía. Acechando bajo la hierba que huele a humedad.

En el camino llegó la noche. La luna gibosa. La primera estrella.

Inevitable. Asomado al puente siento la inquieta presencia del agua que no veo.

Desde una granja “mamá” en la voz de una niña.

En mi boca, el frío aire de la noche.

¿Qué buscas adentrándote en la oscuridad? Entre los pliegues del agua. ¿Qué buscas, tú, alzando la mirada a la luz vertida sobre la hierba?









21 noviembre 2023

En el temblor de la roca


Primero llegó el agua. Horadando la montaña, disolviendo la roca. El río ahondándose en la piedra durante millones de años. Después, en el aire dejado atrás por el agua, habitaron aquí los neandertales. Noventa mil años. El río ya entonces discurría doscientos metros más abajo de la entrada de la cueva.

Llegamos al silencio que ellos dejaron atrás hace al menos veintidós mil años. Una gota de agua cae sobre mi hombro. Después el silencio es tan hondo como la oscuridad. Cuatro personas y el guía. Agachados en algunos tramos.

Cuando las ciervas comen reunidas en el bosque algunas de ellas vigilan con la cabeza levantada, el cuello estirado. Esas son las que graban con piedra sobre la piedra. El guía dice. Luego calla.

A veces hace titilar la linterna. Como sería con las lámparas de tuétano. La roca despierta. Las sombras giran sobre sí mismas tras las estalactitas, en los bordes de las coladas de calcita. Asoman de las oquedades, descienden de los techos.

Siempre han estado aquí. Los caballos, las ciervas y los uros. Los bisontes.

Después la oscuridad. El silencio.

Roto por las gotas de agua, cayendo desde hace millones de años. Una y otra vez. Grabando la roca. El tiempo.

Huesos hechos piedra. Piedra que parecen hueso.

La cueva se estrecha, siento en el casco el roce de la roca. Escondido, a la vista de todos, la silueta de un caballo en el corazón de la montaña.

Desde la más profunda oscuridad el aliento del agua. El frío cristalino de una sola gota de agua atraviesa justo ahora los doscientos mil años que me constituyen.




En la humedad de la roca las ciervas atisban algo que se nos escapa. Los caballos salvajes miran este instante en el que todos nosotros habitamos esta cueva. A plena oscuridad.

Todas nuestras hazañas y desdichas. Todos los niños y los muertos. La luz entera.

¿Dónde están las palabras que lo contaron? ¿Serían como estas? ¿Titilaban?

Grabando el aire con el aire.

En el corazón de la montaña habitan todas las palabras. Las que no es necesario nombrar.

Un apunte, un haiku, para reconocer en la roca lo que siempre estuvo allí. Su temblor.

Una gota de agua sobre la piedra. Todo el silencio que llega después.





frente a la boca de la cueva
unas sobre otras 
las húmedas hojas de otoño







Caballo grabado. Cueva Hornos de la Peña. Cantabria. 













11 noviembre 2023

04 noviembre 2023

En el silencio dejado por el viento. Jatiluwih Rice Terraces, Bali.

 





En el silencio dejado por el viento otra voz en mi voz. Es el agua que corre atravesando el verdor de la tarde. Es la presencia del volcán aguardando… ¿Quién viene ahora a mí? ¿Quién eres tú llamándome?

Desde lo más profundo de mí mismo. A la intemperie.

Escucha. Sin voz mi voz. El llanto de un bebé desde más allá de los campos. El viento que ya vuelve.











01 octubre 2023

Un súbito galope



 


A los pies de los caballos se deshacen sobre la hierba todos mis yoes. Escucha. El metal antiguo llama desde alguna parte muy lejos de aquí. Justo ahora. El súbito galope de algo que mira directamente a lo más profundo de mi corazón.

¿Conoceré algún día, al pie de la luna, cuál fue mi nombre antes de mi nombre?











18 septiembre 2023

Hacia las nubes rojizas de la tarde








Caminaría sin más, hacia las nubes rojizas de la tarde, con una mochila vacía de casi todo, lejos, sin saber a dónde. Ligero, como el corazón de los pájaros.

Caminaría tan despacio…

Sin nada, como cuando era niño. Como todas las cosas que nacen.

Pensé de repente.







17 septiembre 2023

Las razones de los terremotos


Hace un tiempo, tras un terremoto, escuché contar a un rescatador cómo los perros, rescatadores también, pasaban jornadas enteras sin comer buscando víctimas entre los escombros. Y cómo, tras días sin encontrar a nadie con vida, se deprimían abatidos tras topar solo con la muerte. Un miembro del equipo se escondía entonces entre los escombros para que el perro lo encontrase y retomara el ánimo. Y la esperanza. Esto último lo añadí yo, en mi mente.


Estos días escucho en redes críticas a la ayuda enviada por España a Marruecos con motivo del terremoto en ese país. Escucho las “razones”. Las polvorientas razones de siempre sobre los de siempre. Es necesaria una nube de polvo muy espesa delante de los ojos para no ver el sufrimiento y la pena de pobre gente pobre que lo ha perdido todo. Hay que estar muy agotado y muy hambriento de algo que no entiendo para sentirse ajeno a la desdicha y la muerte de quien, como tú mismo, ama a sus hijos, a sus padres. A su hermano, a su amigo.
 

 
Miro afuera y una suave lluvia arrastra la luz de la mañana a lo largo de las hojas de hierba. Un olor en el aire…
 
Hay en la naturaleza un sentido, un algo luminoso, que apunta al corazón humano. Y lo conmueve. Las razones, las de verdad, las que dan vida, sencillas y directas como un rayo de sol, están aquí, ahora. Como siempre. Hay una esperanza natural y sincera en el aire transparente de una mañana que comienza para todos nosotros.
 

 
Dicen que no son los terremotos los que matan a la gente, la matan sus construcciones. Y quizá la construcción más oscura y pesada, la más lamentable, la que nos ciega y agota, la que nos aplastará a todos, sea la de nuestros propios prejuicios.
 
 
La luz de la mañana. El ligero ladrido de un perro que llega desde alguna parte.













14 mayo 2023

Chinatown, San Francisco. La danza del dragón. El alma del tigre.

 




El Nuevo Año Lunar Chino. Una danza, de un león, de un dragón.... de un tigre.... Una ciudad, San Francisco, California. Una ciudad dentro de otra ciudad, Chinatown. 

Un ser dentro de otro ser. 

El viaje de alguien que camina, con todos los sentidos atentos, al devenir de ese ser.









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Es gratis, bonito y acumulas buen KARMA para ti y todos los GATITOS que en la web han sido :)





06 mayo 2023

Cuando el mundo era niño


Cuando el mundo era niño, y yo también lo era.

Cuando los ríos horadaban las rocas, y las rocas aguardaban el agua.





 Gran Cañón del Colorado, Arizona, US









16 abril 2023

Tan solo volver.


歩くほかない草の実つけてもどるほかない

aruku hoka nai kusa no mi tsukete modoru hoka nai



Tan sólo andar

Tan sólo volver con hierbas

pegadas en el cuerpo



-Taneda Santôka-



Claro. Santôka. Es necesario el espíritu que acepta la nada. Es necesario volver a casa con las pelusas de los sauces pegadas a la ropa, con el picor de las ortigas en las manos.

Es necesario tocar las hierbas altas que bordean el camino. Rozar la primavera con la punta de los dedos. Levantar la mirada a las nubes que llegan del mar. Atravesar el cielo. Es necesario el encanto del vacío.



Esta mañana parecen más altas las plantas. ¿Crecerán en la noche? En secreto. ¿Al otro lado de la mirada de la gente?

Cómo olía la noche… al heno fresco recién dejado para los caballos. Al agua demorándose entre los alisos. A algo que está por llegar, que está llegando ya.



Necesitaba saber si los pequeños peces seguían allí, en el antiguo lavadero. Esta mañana. Entre las plantas tan altas. Necesitaba su movimiento ingrávido y sus sombras en el fondo. Necesitaba su silencio, y el mío que llega después.

Una golondrina zigzaguea sobre la hierba nueva. Perfecta la redondez transparente de los dientes de león.


Necesitaba solo andar, necesitaba no pensar. Mirar tan solo. Oler. Escuchar. Camino adelante un perro que no conozco se vuelve de tanto en tano a mirarme. Las ortigas, en flor.

Qué pequeño el cangrejo en el arroyo. Qué grande la sombra que me sobrevuela de pronto. Un solo giro el del águila calzada sobre las copas de los fresnos.

Melones madurando sobre el muro de una granja. El olor ácido de las balas de heno.

Baja turbio el arroyo donde anoche vi la pareja de azulones. Medio nadaban, medio caminaban, remontando el curso de agua por las zonas menos profundas.

Bajo los giros de los tallos y las hojas un caracol suspendido, recogido, Siento un aire pequeño que no sé de dónde ha llegado….



De pronto pienso en la lluvia y en el verano. En las luciérnagas que vendrán.

De la noche a la mañana. Algo que ya no está. Algo que llega. Que crece en secreto, como las plantas. Solo eso.

Es necesario.

A la solana, le cortan el pelo a un anciano en la entrada de la casa.



Volver con todas estas cosas pegadas al cuerpo. Lo necesito. Volver contaminado por el mundo, levantar el vuelo impregnado con su polen.

Volver. Con las pelusas de los sauces y el picor de las ortigas. Con el olor del laurel pegado en las manos. Como mi padre.



Es necesario un espíritu que acepta la nada. Su transparente corazón de diente de león. Su encanto.



Antes de anochecer. Unos niños trazan caminos sobre la arena de una obra.









































04 abril 2023

Cuando el agua y la piedra. Y el tiempo.



Parece que estemos en el interior de una criatura fabulosa. Algo orgánico. La piedra, fluyendo sobre sí misma, precipitándose hacia la oscuridad de la cueva.

El Castillo. La cueva prehistórica y el monte que le da nombre. Arriba. En la ladera cubierta de árboles.



Esta mañana, al despertar, no sabía dónde estaba. Soñé tan vivamente que era niño y estaba en mi casa de niño... con mis padres… Olía tan realmente a esa casa…. No recuerdo el tiempo que hacía que no olía ese olor…
Sentado en el suelo, estuve mirando las plantas del jardín. A ras de suelo. Su no-movimiento, a mis ojos. El verdor penetrando en el verdor. Después recordé la cueva. No sé por qué.

El oscuro eco, constante, de las gotas de agua filtradas de la montaña. Estalactitas, estalagmitas, formándose. Gota a gota, milenio a milenio. Los charcos en el suelo, en los que no me reflejo.



Camino al sol de la mañana. Dejándome arrastrar, un poquito, por el viento cuando sopla más fuerte. Sentir mi vida como algo que fluye, naturalmente. La extraña sensación de que otro es el que me lleva. Alguien que habla con los gatos y acaricia las flores.

Sin saber por qué.



Qué verdes son los valles aquí. Justo a la salida de la cueva. Las montañas cubiertas de nieve. El cielo. Parece como si algo aguardara.

Con todo el tiempo del mundo. Todo en el que el mundo ha sido.

El tiempo y el agua. Y la piedra.



Casi de noche, un azulón inmóvil sobre un charco del prado. Su reflejo. El canto de los sapos parteros cada vez más intenso, cada vez desde más sitios.

El tiempo y el agua. Mi vida, que fluye.

Hay algo… Algo inevitable... Como seguir con la mirada los giros de un milano en el aire. Como caminar haciendo equilibrios sobre un bordillo cuando nadie mira.

Los ciervos y los bisontes. Los caballos salvajes. El ocre rojo sobre la roca. El sonido de la oscuridad. Gota a gota, fluyendo en el interior del inmaculado corazón de la montaña.


Cuando era niño y el mundo también lo era, pensaba cosas de niño. Y olía como los niños saben oler. El mundo que se estaba construyendo entonces. El mundo que alguien dibujaba en la oscuridad. Un mundo hecho de tiempo y agua. Y piedra. Y sueños.

Sin saber cómo ni cuándo. Sin saber dónde.