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さて、どちらへ行かう風がふく

bien... ¿a dónde ir...?
...el viento
sopla...


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04 noviembre 2025

Nubes blancas

 

-¿No la vais a cortar verdad?

Una orquídea silvestre. La tarde tibia de un tiempo transparente. Nosotros dos acuclillados cómo niños mirando las flores.

No sé por qué cuando pienso en Ana María es eso lo que recuerdo. Más allá de zazenkai, teisho, sesshin…

Orquídeas, abejarucos, hinojo…

La que sería mi mujer estaba allí entonces, acuclillada junto a mí. La que sería mi maestra estaba allí también. Sonriente. Preguntando.

Ana María, Ki'un-An, "Nube Radiante".



Una sonrisa, como el vuelo de los abejarucos que miraba yo en verano. En los sesshin. Comprobando asombrado cómo el aire sostenía su gorjeo que venía de pronto, para desaparecer después. Y solo el cielo vacío de verano, con todo su silencio, llegaba entonces.

Y allí mismo, de noche, en un zazen imposible, escuchando el canto aflautado del ¿autillo? ¿sapo partero?

Mi niñez. Allí estaba entonces. Aquel canto desvaneciéndose en el silencio. Hace tantos años oído de acampada junto a un río lejano…

El hinojo cortado en el samu, mi padre guardando sus flores en los bolsillos del niño que era yo entonces, hierba que muere y perfuma el aire.

La soledad

Nosotros



Todos los veranos

Su silencio



Lo que fue y lo que sería después.



Allí estaba entonces mientras contemplábamos las orquídeas. Las delicadas orquídeas. Nuestro transparente corazón.



Esta sed apacible… con el olor de la lluvia ya sobre mi piel, pero sin saber aún dónde caerá, dónde se remansará.

Buscando nada. En las nubes deshaciéndose lentamente en una tarde de verano, en el silencio que aguarda entre cada uno de mis pensamientos.

En cada una de las cosas que dejan de ser, mansamente, para comenzar a ser otra cosa.

En todos los comienzos.

Como un niño entre las flores.  



Somos nada. Pero no estamos solos. Y cada cosa que habita el mundo nos lo recuerda.

Hinojo, abejarucos, orquídeas…

Nubes…

Algo en la luz de aquella tarde mirando las orquídeas silvestres perfilaba el contorno de las nubes. Radiante.

Ahora lo sé aunque entonces no lo vi.



Algo bueno, luminoso, habita nuestro corazón. Misterioso y tímido. Que no sabe y calla. Que aguarda y escucha. Un poco asustado a veces. Libre. Como un abejaruco que explora el aire en las tardes azuladas de verano.





Nubes y escampadas, alborada y crepúsculo, se renuevan sin cesar.
Ya he hecho entrega de mi cuerpo al vacío.
En su vagar sin intención
las nubes blancas se asemejan al hombre que las contempla.

Tsu Dongpo





En memoria de Ana Mª Schlüter Rodés, maestra Zen del Zendo Betania.  






 

 







 

24 septiembre 2024

Sentado en zazen, en la mañana.


Sentado en zazen, en la mañana, algo aguarda sin esperar nada.

La luz se expande poco a poco. Un sentimiento de gratitud también. La llovizna cesa y comienza de nuevo.

Girando hacia la hierba, el tenue brillo del rastro de un caracol. Enderezo la espalda una vez más.

Parece llegar desde muy lejos… la llamada de un cuervo ¿o es solo su eco?

Un silencio que cesa y comienza de nuevo.

La respiración se aquieta. Gota a gota. El brillo del primer sol resbalando por las hojas de hierba.

Lentamente, como el otoño bordea las hojas de los árboles, asisto sin prisa a cómo cada cosa se convierte en otra.

Transparente como el agua que nace.



Sentado en zazen, en la mañana, sin esfuerzo alguno, el amor eterno brota de mi alma.

 












13 junio 2024

suzume

 

Mojados por la llovizna de la mañana, algunos de los gorriones que llegan a comer.

A veces, cuando me levanto por la mañana, ellos ya están ahí. Aguardando a que rellene el comedero que les pusimos hace unas semanas en el jardín.

A veces quiero creer que es por mí. Que esperan mi llegada.

Uno. Todos los gorriones. Suzume.



Sentado en zazen, entre las flores de jazmín gorriones de otros días.

  

Conozco ya a algunos. O eso quiero creer. Gorriones y “gorrionas”. Reconozco el garbo desenfadado de una hembra que solo apoya una pata. Fue de las primeras en llegar. La gracia de otra que esponja las plumas de la cabeza cada vez que aparece. La timidez de un macho con alguna pluma del cogote más despeinada que las demás. O la curiosidad de otro que alza la cabeza y parece mirarme fijamente, no sé por qué…



Noche sin luna, entre las semillas que tiraron los gorriones, caracoles.



Basta la ligereza del sirimiri para que aparezcan los caracoles. Aquí y allá. En todas partes, deslizándose mágicamente sobre el suelo, los muros y las plantas. Sobre los cristales. Parecen volar.

No están. Y de pronto están por todas partes.

Como la llamada tan recia, tan dulce, de los gorriones en la mañana.

En la noche y el día. De la mañana a la tarde. Hay algo que está apenas estando. Como el sirimiri. Empapando todas las cosas. Haciéndolas brillar.

Sentado aquí, en algún lugar entre la noche y el día, he pensado a menudo ser gorrión. En el día volar. Encontrar en los otros el brillo de todas las mañanas.

Dejarme ser caracol en la noche. Deslizarme en silencio. Buscando en la oscuridad la luz que la habita.



Sentado sin más, desde más allá de todo, la voz del cárabo.



Llegará el día en que sin pensar piense. En lo profundo. Que hable sin hablar.

Que sea sin más.

La humedad de las plantas. El musgo. La tierra.

Toda ella.
  

La pluma de un gorrión desprendida por el viento.


Este puro momento. Solo eso. Que llega a mí sin esperar nada, mientras estoy aquí sentado.



Apenas luz… con hierba de mi jardín el nido de los gorriones.













* suzume 雀  Gorrión en japonés. Al carecer los sustantivos japoneses de género y número puede significar bien gorrión o gorriones, machos o hembras. 









08 marzo 2024

Sentado en zazen, gorriones

 

Sentado en zazen, mientras los gorriones comen las migas de anoche.

El viento sopla a ratos, viene del sur. El sol de la mañana sobre las hojas de las plantas, se mueve muy lentamente. Una nube, extendiéndose en el cielo, hasta deshacerse en cielo.

Sentado en zazen, sin esperar nada, la verdadera naturaleza de las cosas se expresa de una manera sencilla.

Claramente, no sé dónde, trinos de gorriones que ya no están aquí.













13 febrero 2024

俳句 hacia el templo nevado

 



朝七時心洗いに雪の寺

asa 7-ji kokoro arai ni yuki no tera


siete de la mañana,
hacia el templo nevado
con un corazón que purificar




En silencio. Haiku y zen: la mirada atenta. (Edición bilingüe español-japonés) Mandala Ediciones 2024







09 febrero 2024

En silencio. Haiku y Zen: la mirada atenta



Nubes y escampadas, alborada y crepúsculo, se renuevan sin cesar.
Ya he hecho entrega de mi cuerpo al vacío.
En su vagar sin intención
las nubes blancas se asemejan al hombre que las contempla.

Tsu Dongpo 苏轼




El haiku es la forma de poesía más próxima al silencio. Unas pocas palabras menos, y el haiku se hace silencio. Unas pocas palabras más, y el haiku deja de serlo.

Los tres autores de este libro tenemos tres cosas en común: practicamos zen, hacemos paseos contemplativos y escribimos haiku. De ahí el título de este libro.


それは沈黙に最も近い詩形で、少し言葉を省いただけで俳句は沈黙になったり、逆に言葉を足せばそれは俳句でなくなったりするのだ。

3人の著者の共通点は座禅をすること、思索しながら散歩をすること、俳句を詠むということでこの本のタイトルは次の様にした。











En silencio. Haiku y zen: la mirada atenta. (Edición bilingüe español-japonés) Mandala Ediciones 2024



14 junio 2023

Kōfuku-ji. Habitando el silencio, la voluntad del viento.






Japón. Un templo zen. Un río, una montaña. La madera roja y las tejas de cerámica, oscuras.
El silencio. Un suave viento que sopla aquí, allá. Entre el bambú. Más allá de la lluvia. 

Cuando yo formaba parte de ese viento, de esa madera y esa lluvia. De aquel silencio. 
Cuando yo era yo. Sin mí. Agua. Viento... Nada.











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27 mayo 2023

Zazen. Esperando la llegada del colirrojo.







Sentarse en zazen. A solas con el misterio. Caminar sin más. Hacia ninguna parte. 
Viajeros de la nada. Habitantes del vacío. Aguardando sin aguardar la luz de la mañana. La llamada.








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07 abril 2023

Shakuhachi. Un silencio que se hace sonido. Un sonido que se hace silencio.

 




Un viaje de ida y vuelta. La ruta que media entre el silencio y la música. Entre el principiante y el maestro. La ruta de vuelta al silencio. Al comienzo. 

Un camino entre los campos de arroz joven. Mirando los renacuajos y las nubes. Las cosas que comienzan. 

Nagasaki. Kumano Hongu-Taisha. Japón. La nieve que cae. El reflejo del sol en el agua. Principiantes de la nada. 

Los monjes komusô, de la secta zen Fuke. Caminando y tocando el shakuhachi. Tocando el shakuhachi y caminando. Eso es todo.













08 febrero 2023

Esperando la llegada del colirrojo

 

Zazen de la mañana, sin darme cuenta espero la llegada del colirrojo.



Subir una montaña. Después bajarla.

Caminar sin más. A lo largo del valle las sombras de las nubes, apenas parecen moverse.



Hacer nada. Sin intención alguna. Eso decía mi maestra zen. Solo estar. Estar en disposición. Sentarse en zazen. Aguardar. Solo eso podemos hacer. Sin hacer.



A la ida y a la vuelta. Echado en la misma postura el viejo mastín. El sol de la mañana.

A lo largo del camino un viento que está y no está. Solo en las hojas secas de roble, esas pocas que quedaron en las ramas tras el otoño, se intuye su voz. Un ligero crepitar. A veces lo oigo. Otras no.



Se abre el día, sentado en zazen. El lento movimiento de una pequeña babosa hacia el jardín.



En lo alto de la montaña. Mi voz diciendo “una pareja de buitres.”

Un viento que parece amainar. Que calla. Que parece aguardar algo.

En el fondo del valle el brillo de las escorrentías entre la hierba.



Como un niño que juega. Con toda su determinación. Con toda su despreocupación. Esa es la actitud.

Sí. Creo que era así. Eso decía mi maestra zen.



Una naranja al pie de la ladera. Apoyadas en un roble, los tutores de las tomateras.

Es realmente hermoso, también extraño, darte cuenta de que caminas sin más. Que no vas a ninguna parte. Escuchar. Que te sorprenda tu voz. O la del viento.


Detenido en el camino hasta el último giro del vuelo del milano. Continúa un repique de campana que no sé qué significa.



Aguardo, dentro de mí aguardo algo sin esperar nada. Algo que no depende de mí. Solo estar en disposición. Recogido en la quietud y el silencio. Sentado en zazen, haciendo nada. Sin nada que poder hacer.



Bordeando el camino, al otro lado de los árboles la llamada de los gansos salvajes.

Recortado contra el cielo un nido de velutinas.

Siempre es un “de pronto”. Siempre una voz que no esperas. Una presencia. Un camino que no acaba.

Huerto de frutales. Sin esquilar del todo una de las ovejas.

La marca de un alambre en el tronco del eucalipto.



¿Quién aguarda a quién? ¿De quién la voz que a veces dice, que a veces calla?



De nuevo el viento, un poco más allá, entre las hojas del eucalipto.
 


Aún de noche, la inesperada llegada del colirrojo.













13 junio 2018

Recogido en el agua. Haiku y haibun.


  El haiku es una relación entre cosas, entre criaturas, entre sucesos. Estoy convencido que los haikus que presenta Momiji en esta ocasión han surgido de ese mismo esfuerzo por saber qué se relaciona con qué en el momento en que sentimos nuestro aware. Y de esa misma paz que allí sentimos, de ese mismo estado de atención suprema a lo que ocurre y lo que no ocurre. Y le doy gracias por todo ello.

Vicente Haya



De haiku en haiku, de haibun a haibun, un tranquilo itinerario por el río, la lluvia o la montaña. Del mar a la nieve. En el Camino, en el bosque, en Japón...






Entre otros sitios se puede adquirir aquí:

La Isla de Siltolá
https://laisladesiltola.es/catalogo/haiku/recogido-en-el-agua/

Casa del Libro
Fnac




Algunas librerías también en esta web:

https://www.todostuslibros.com/libros/recogido-en-el-agua








Mi agradecimiento más sincero a La Isla de Siltolá y a Javier Sánchez Menéndez, su director.




ALGUNAS COSAS QUE SE HAN DICHO, CON MUCHA GENEROSIDAD, SOBRE EL LIBRO





"Un poco de orden. Reseñas de poesía española (2014-2024)" Arturo tendero (Maresía, 2025)

https://surimidala.blogspot.com/2025/06/un-poco-de-orden-resenas-de-poesia.html



«¿Cuánto tiempo se necesita para contemplar la lluvia? O para escuchar el sonido del viento entre el bambú. ¿Cuánto tiempo aguardará la araña sobre su seda, suspendida del cielo? ¿O cuánto tiempo necesita una gota de agua para desprenderse de la gota que la sostiene tras la lluvia? ¿Cuánto tiempo para contemplar la nada? ¿Cuánto tiempo para nombrarla?».


Félix Arce Araiz (Momiji) se ha acercado al Japón de los maestros del haiku en busca de la pureza. El resultado es este libro titulado Recogido en el agua, donde agrupa sus hallazgos en torno a títulos como el río, la montaña o el viento. Ha mezclado la prosa con el haiku. Pero se trata de una prosa con sabor a haiku, como la que ensayó el maestro Bashó en Sendas de Oku. Los japoneses llaman haibun a este género. De todos modos, a este lector le parece que, si no hay humanidad involucrada, si no se atisba la persona que hay detrás de los ojos que simplemente observan, lo que nos están contando carece de mordiente. Por fortuna, Félix Arce no siempre logra ausentarse. Confiesa miedo cuando parece a punto de diluirse: «Pienso en los chopos que agita el viento ahí fuera. Se mece mi mente perezosa con ese pensamiento. Y dentro de mí sin embargo nada se mueve ahora. Nada. Me asusta este silencio que no es mío. Esta quietud, la quietud incomprensible y terrible de una golondrina muerta». Confiesa asombro: «Ante mis ojos el mundo se muestra como una revelación, como lo que es. Porque es así. Siempre lo veo por primera vez. Pienso, pienso y siento que ya lo estoy perdiendo…» También a veces muestra frustración: «Un día, tras una noche de lluvia, la araña que vivía en mi ventana desapareció. Pasé tanto tiempo mirándola, allí, sin hacer nada, ella y yo, que creí que siempre estaría allí. Siempre… Cómo me traiciona ese “siempre”. Qué fácilmente adjudico un “siempre” a las cosas que mi corazón sabe que no duran». Una vez más, se acumula tanta observación que es necesario hurgar en la hojarasca para hallar las perlas: «A veces el mundo parece girar más deprisa y son meses los años y los recuerdos lluvia entre la hierba».

Arturo Tendero







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   Acabo de leer el libro "Recogido en el agua" de Félix Arce y no me resisto a recomendarlo:

   Dicen que cuando se disuelve el yo no hay poesía. No habría nada que decir. Sin embargo un pájaro canta.

   Ser el canto es una vieja aspiración de los poetas. En la poesía occidental solo eso: una vieja e inalcanzable aspiración.

   Pero llega este librito diciendo en una primera persona que es un no-yo  - frente al río/ en la mirada de mi hermano/ la de mi padre-. Sin que el poeta haya desaparecido porque está "casi tumbado sobre la hierba escuchando los pasos silenciosos de cientos de hormigas, el bisbiseo de hoja contra hoja, la hierba y su silencio...”, y ha enmudecido "sin saber qué   pensar ante el abismo que nos contempla...".
   Plenamente atento a lo que acontece, sin ser más ni menos que lo que sucede  -"miro ese diminuto sendero plateado de una criatura que pasó junto a mí sin darme cuenta..., oscuro limaco como la noche pura que no miró la luna que ni siquiera se dio cuenta de que yo estaba allí"-. O lo que deja de suceder - al cruzar la vertiente/se extingue/ el sonido de los cencerros -.

   Estando atento para ser nada y así ser todo. El propio haijin como circunstancia.

Sintiendo la extrañeza de no saber quién eres si te reconoces en todas las cosas.

   Ser el canto es posible sin necesidad de desaparecer si se canta desde el centro. Desde Eso. Una maravilla.


de vuelta a casa
pisando los charcos
sin saber por qué



Fernando Mora Bongera




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Recogido en el agua

Tenía que ser el agua...Recogido en el agua es seguramente el libro más extraordinario que he leído nunca. "Momiji" escribe desde un instante, tan presente, que se nos muestra en toda su eternidad. Si alguna vez la palabra se trasciende a sí misma es porque, al leerla, se convierte en luz, como ocurre en contados poetas.

Félix Arce nos traslada, con su prosa y su poesía hecha haiku, a través del espejo. Logra, como muy muy pocos, escribir sobre la piel del agua. Recogido en el agua es lo que queda de la suma de instantes destilados por el río de la vida. Sobre sus palabras pisadas caminamos. Somos sus reflejos.

Como siempre, lo más pequeño, sublime y hermoso pasa de puntillas, discretamente, casi desapercibido.

"El buda se ha ido".
Hay maestros invisibles.




Juanjo Martínez



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¡Qué maravilla de libro! Sencillez, humildad, profundidad, verdad y dudas de una poesía escrita al paso con los ojos bien abiertos a las manifestaciones del mundo, especialmente a las más pequeñas y poco extraordinarias solo si no se tiene esa mirada atenta y limpia de Felix Arce Araiz Mømiji . De esas pequeñas cosas (pájaros, insectos, luces, piedras, vientos...) el autor llega a las grandes sin otras mediaciones que perturben la mirada más allá de su humildad, su compasión y su asombro casi infantil. Y esas cosas "grandes" quedan simplemente esbozadas como sensaciones, como "no saberes" como posibilidades de varia respuesta. La naturaleza en los ojos y las palabras de FA son una madre envolvente que nos acoge al tiempo que nos invita a salir a recorrer nuestros caminos. Pocos como FA han llevado a la lengua española el sabor y el sentido profundo de los haikus y haibun japoneses. Ante esta lectura y todo el poso que me deja solo puedo decir sencillamente "gracias".


León Molina







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Conocí a Félix Arce en un sesshin (retiro intensivo de meditación zen) hace ya unos cuantos años. Sucedió por casualidad, en el último día, en la comida de despedida. Durante el sesshin no se hablaba, pero en esta comida ya sí. Estábamos sentados en una larga mesa unas 25 personas. Alguien nos relacionó a los dos con el haiku y nos presentó. Disfrutamos entonces de una breve pero intensa charla. Conectamos enseguida. Los dos practicábamos zen, escribíamos haiku y nos atraía la cultura japonesa. Qué encuentro más afortunado. Desde entonces somos amigos y, aunque vivimos en lugares distantes, seguimos en contacto. De esta relación surgió el libro de haikus PUENTE DE PIEDRA, al que dediqué una entrada en el blog.

Quería recomendaros para este verano RECOGIDO EN EL AGUA, este nuevo libro de Félix Arce de haiku y haibun. Félix tiene el don de  escribir con sencillez, sensibilidad y sinceridad de esas vivencias para las que, como él dice, “las palabras siempre faltan o siempre sobran”. Muchas gracias, Félix, por compartir este don.



Final de la peregrinación de Kumano Kodo


Para quienes practiquen meditación, encontrarán en el libro un par de preciosas crónicas en forma de haibun de dos sesshin, uno en Brihuega (España) y otro en el templo Kotaiji de Nagasaki (Japón).


José Luis Andrés Cebrián






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Viajes, recuerdos que se rememoran en este momento, estancias en un monasterio japonés, la práctica del zen, el Camino de Santiago… El autor, discípulo de Ana María, va hilando vivencias en las que se entrelazan las cosas más concretas, plasmadas con una viveza inusitada, con el misterio que lo envuelve todo. Nos devuelve a un presente cambiante, lleno de vida. Sin proponérselo nos  interpela a “aterrizar” en él y compartir su asombro. De una belleza desgarradora a veces y una profundidad poco común. En la mejor tradición del haibun japonés, combinando prosa y haiku, Recogido en el agua no e s un libro habitual. Es algo distinto, como distinta es la mirada de quien escribe esas líneas. Nos desvela un brillo siempre presente, muchas veces olvidado. La vida misma. Una maravilla que no podemos abracar…

“Junto al río, todas las criaturas que ahora mismo no tenemos palabras sentimos sin comprender el lento transcurrir del sol en la piel, en el cielo”.

Palabras que evocan lo que no se puedes contar, lo que se puede registrar con palabras. Aun así el intento mereció la pena. Nadie que penetre en este bosque de palabras saldrá sin encontrar un tesoro.



Jesús Palomar 
Revista Pasos. Fundación Zendo Betania






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El amigo “momiji” (Félix Arce) es un haijin (escritor de haiku) del camino, peregrino del mar y de la montaña, cercano a la lluvia y al bosque. Su delgada figura es cuerpo de viento, “corazón de niño” y pájaro sobre el valle.
Nos conocimos hace tiempo, hemos hablado poco en persona, pero nos une la sintonía de esta vía del corazón.

En este libro se recoge una buena muestra de la obra de “momiji”, mediante una serie de haibun (prosa al estilo haiku) y una colección de haiku agrupados en varios temas relacionados con la naturaleza, como es propio de la estrofa japonesa.

Recorre el libro un aire de silencio, quietud, atención e inocencia que deja la mente en calma y el corazón en pleamar.  

Dejo por aquí algunos fragmentos de los haibun:

“Mi mente desbocada parece cabalgar en el viento de la tarde. Aquí estoy, con dos peces y cinco panes para dar de comer a la inmensidad de mi alma. Qué fútil tarea para mí solo.” (Susurros)

“Hay una belleza en todas las cosas, una belleza que ni siquiera es bella. Una belleza sin palabras, sin pensamiento, ajena a cualquier “belleza”, que lo impregna todo y hace que las cosas sean lo que son, que yo sea lo que soy. Aquí, ahora.”
(Susurros)

“Pienso en apuntar todo esto, en sacar fotos, ¿en atrapar? Qué podría yo atrapar, brizna de viento, con una pobres palabras…
(Luna en la montaña)

“Qué manera de ser yo mismo sin mí. Sumergido en este silencio de siglos he caminado a lo largo de mi vida una y otra vez. Y el viento, afuera, sin saber a dónde va, de dónde viene.
Y cuando todo, todo calla, oigo el sonido de mi propio corazón. Mi corazón de niño rozando con algo… algo que no sé lo que es, que es nada, sólo brillo.
Shonen no kokoro… corazón de niño… como a veces me llaman por aquí. Es gracioso. Basta olvidar para encontrar. Sin nombres. Sin darme cuenta he olvidado recordar los nombres de las cosas. Contemplar las cosas por primera vez siempre es asombroso. Estrenar los ojos en cada mirada, renovar la piel con todo lo que tocas. Este mundo nuevo hace nuevo mi corazón. Olvidarse, olvidarse… Soltar las manos, sin miedo, y dejarse llevar.”
(Kofuku-ji)


Y algunos haikus:

flores de noviembre…
recorriendo con los dedos
el nombre de mi madre


en lo alto de la duna,
sintiendo un cuerpo
zarandeado por el viento


sólo nieva,
contemplando la tierra
que se hace agua


surge en la niebla
y en ella se deshace,
el peregrino



Gregorio Dávila










EFECTOS DE LECTURAS
por Alicia Céspedes

COMENTARIOS DEL LIBRO DE FÉLIX ARCE ARAIZ, “momiji”:



RECOGIDO EN EL AGUA. Haiku y haibun


Ediciones de LA ISLA DE SILTOLÁ

HAIKU

Sevilla (España) 2018




1. POR QUÉ ELEGÍ ESTE PEQUEÑO GRAN LIBRO DE UN HAIJIN MUY ESPECIAL:

FÉLIX (DE AHORA EN MÁS “MOMIJI”) ES MIEMBRO DEL CONSEJO DE REDACCIÓN DE HOJAS EN LA ACERA Y UNO DE LOS TRES FUNDADORES DE LA ESCUELA DE HAIKU MAKOTO. EL TRÍO DE HAIJINES DESEMBARCÓ EN NAGASAKI DONDE CONVIVIERON CON EL PROFESOR VICENTE HAYA.


EN LA CONTRATAPA HAYA NOS DICE: “EL HAIKU ES UNA RELACIÓN ENTRE COSAS, ENTRE CRIATURAS, ENTRE SUCESOS. ESTOY CONVENCIDO QUE LOS HAIKUS QUE PRESENTA MOMIJI EN ESTA OCASIÓN HAN SURGIDO DE ESE MISMO ESFUERZO POR SABER QUÉ SE RELACIONA CON QUÉ EN EL MOMENTO EN QUE SENTIMOS NUESTRO AWARE. Y DE ESA MISMA PAZ QUE ALLÍ SENTIMOS, DE ESE MISMO ESTADO DE ATENCIÓN SUPREMA A LO QUE OCURRE Y LO QUE NO OCURRE. Y LE DOY LAS GRACIAS POR TODO ELLO”.

Estas palabras del Profesor Haya encierran el corazón de este pequeño libro en cuanto a su formato (difícil de llevarlo en el bolsillo) pero su contenido parece ser interminable: una serie de haikus seguida de varios haibun despliegan una red de relaciones como una enorme telaraña que enlaza árboles, crea puentes, resiste a la lluvia y por último vuela como un pájaro hacia las nubes de un cielo transparente. Es tan extenso que decidí trazar un mapa de ruta y dejar solapas que iré compartiendo a lo largo de este corto verano y quizás me sorprenda el otoño con algún comentario trasnochado.



2. Así como Elías y Roxana me facilitaron significados de varias palabras que me ayudaron a captar la cosmovisión manchega y mexicana, Momiji iluminó con sus simpáticas aclaraciones varios lugares, me enseñó sobre pájaros, flores e insectos. Leyendas y cuanto podía aportar para facilitarme la tarea.

EFECTOS DE LECTURAS es ante todo producto de un diálogo con haijines de distintos lugares que generosamente me invitan a conocer a través de sus miradas el camino que recorren paso a paso, día a día sin pretensiones, disfrutando como los niños que todos fuimos y pocos recordamos.

Primer efecto de lectura: la sensación de libertad que me produce seguirlo por los caminos que abren haiku y haibun. Es una invitación a desacelerar, a tomar conciencia de la alternancia quietud/movimiento y de la armonía entre el ritmo y los silencios de los haikus. Dejar el ruido cotidiano y sumergirse en un charco siguiendo a una rana o parar de golpe a prestarle atención a un “sonido trino-discurso del río”.



3. Me gusta partir del índice: nos conecta con el armado del libro. Y de ese Índice rescato un tema central en el libro. Mi guía no será el autor, sino Lafcadio Hearn, un irlandés enamorado de Japón que los propios japoneses dicen que es el gaijin (extranjero) que mejor supo comprender la cultura nipona y sus secretos más profundos. Quizás porque él mismo propone que “leamos sus artículos como quien se asoma a un libro de poesía, no de ciencia”. Es la propuesta de Momiji, leer dejando la racionalidad y permanecer con los sentidos abiertos a nuevas sensaciones, nada de metáforas ni de retórica, tratar de escribir eso que nos ha conmovido con palabras simples, naturales. Estamos tan acostumbrados a explicar todo, a generar opiniones sobre todo lo que acontece en el mundo, a las respuestas ready made y a lenguaje gastado por un uso excesivo que cuando nos topamos con el silencio nos sentimos indefensos como animales acorralados por un misterio del que hay que defenderse. Entonces confundimos senryus con zapai, mezclamos tipos de poemas o hacemos tercetos muy románticos.

 Cualquier poema que tenga brevedad es un haiku. ¿Cualquier poema? Ya dejamos los primeros pasos del japonismo y del exotismo, ya sabemos un poco más de este sabe amor difícil, que no se conforma con un aware que no sea auténtico y que no le gustan las rimas ni las palabras rebuscadas. Un amor que nos obliga a dejar nuestro ego lo más delgado posible y conectarnos con las señales que la Naturaleza nos manda para comprometernos a escribir para las generaciones que nos seguirán. Por algo dicen que el haiku es un poema muy fácil de escribir pero tan difícil de escribir bien. Nadie es dueño de nada, nadie es mejor ni peor que todos los seres: las piedras, los vientos, los ríos y los océanos de la tierra. Efímeros como flores y gotas de rocío, no más que una lombriz que zigzaguea en el fondo de un charco ni menos que el cóndor que se pierde en las montañas.



4. EL ÍNDICE NOS DA UNA PISTA FUNDAMENTAL: MOMIJI NOS VA A MOSTRAR UNA PARTE DE LOS ASOMBROS DE VARIOS VIAJES EN DIFERENTES ÉPOCAS DE SU VIDA. FÉLIX ARCE ARAIZ, HAIJIN, SIGUE CAMINANDO Y LO SEGUIRÁ HACIENDO IMPULSADO POR EL MOTOR DE UN CORAZÓN ENAMORADO DEL HAIKU.



Hearn nos dice: “Solo el viajero sabe cómo las voces de la naturaleza- las voces del bosque, del río, de la llanura- varían según la zona”. Como los libros de Lafcadio, Recogido en el agua está “lleno de voces, este libro propone un viaje”.

RECORRIDO A PARTIR DEL ÍNDICE:

· EL RÍO

· EL VIENTO

· EL MAR

· LA MONTAÑA

· EL BOSQUE

· LA NIEVE

· JAPÓN

· LA LLUVIA

· EL ZENDO

· EL CAMINO

Confieso que ha sido un desafío comentar y engarzar esas perlas que se despliegan en diferentes espacios y tiempos y me vi obligada a elegir solo algunas para dejar al lector el placer de bucear en el misterio que apenas vislumbramos en un juego de luces y de sombras. Momiji es un experto buceador y nos las trae a la superficie de un mar, una montaña, un río, todos resumidos en la palabra “camino”.

Para tener una idea aproximada de lugares que desconozco me convertí en “una mosca zumbona” que durante semanas revoloteó buscando las respuestas que Momiji contestaba con alegría y dándome ánimos para seguir zumbando mientras él sigue caminando, ahora por San Francisco, descubriendo su magia.



5. EL RÍO

“El río” son varios ríos, me cuenta Momiji con palabras sencillas para que pueda imaginar lugares cargados de historias, pero sin duda el principal, al que íbamos a pescar a menudo, es el Duero, uno de los ríos principales de España, nace en las montañas de Soria, donde son casi todos los haikus de pesca, y desemboca en el Atlántico. Otro río que aparece es el Tera, un afluente del Duero, también en Soria.

Estas referencias fueron importantes a la hora de leer cada capítulo. Espero que los ayuden a ustedes también.

HAIKU

junto a la corriente…

anudando el sedal

como hacía mi padre



Cada vez que leo este haiku me invade una nostalgia serena, es un homenaje cargado de admiración y respeto. El armado de los tres versos es un collar de tiempos diferentes que se actualizan en el momento en que el haijin se dispone a pescar. Los puntos suspensivos del primer verso conjugan el rumor del río en movimiento con el silencio que abre las puertas al misterio. Imagino las manos seguras del padre enseñándole a anudar el sedal a su pequeño hijo y las manos temblorosas del hijo adulto que lo recuerda en un silencio que late en el río de su corazón.



HAIBUN

CHOTACABRAS



“como aquella sombra casi transparente que vino y se fue en apenas nada”



El chotacabras es una especie migrante, estival en España. Solo se le ve en verano y luego vuelve al África tropical. Es un ave nocturna que come insectos, parecido al halcón. Vuela muy rápido y es muy difícil de ver, muchas leyendas nos hablan de esta sombra que pasa y se va tan rápido que solo queda imaginar el motivo de su vuelo.

El tema de la sombra me emocionó porque el haijin la ve al atardecer “el tiempo de los recuerdos” que desaparecen en el silencio.



6. EL VIENTO



HAIKU



acampados junto al lago,

“aquella debe ser

la Cruz del Sur…”



Imposible no emocionarme con una escena vivida tantas veces en mi juventud recorriendo los lagos patagónicos: después de horas de caminar en silencio contemplando la inmensidad de un paisaje siempre distinto pero siempre tan bello que lo deja a uno sin palabras. El ritual de armar las carpas, uno designado por noche para el fogón infaltable, otra prepara la sopa con latas repartidas en las mochilas para no sobrecargar las espaldas, el que va a buscar agua al lago y el pícaro que saca un vino escondido en su campera, la cena en silencio y de pronto con el último sorbo de un vino delicioso ponernos a mirar las estrellas década noche, porque mañana viajando más hacia el Sur aparecerán otras… Un haiku que nada dice de estas relaciones que lo componen, que nada explica ni describe y que deja al lector en libertad de sentir según su sensibilidad.

La otra característica que quisiera remarcar es la habilidad del haijin para incluir voces de un diálogo en el que importa lo que se dice y no quién lo dice. El yo del haijin y de los protagonistas permanecen en el anonimato.



HAIBUN



SUSURROS



“Tantos días llevo aquí, con sus noches, esperando el susurro en la brisa, tu llamada…”



La lectura de este haibun es compleja para el que no está habituado a leer muchos términos japoneses usados en la práctica de meditación llamada zazen. Sin embargo provoca resonancias espirituales que cada uno podrá reconocer en otras prácticas religiosas. De este tema no me ocuparé hoy.

La lectura de Susurros me detuvo cada vez que una imagen me arrojaba al espacio imaginario donde el tiempo es una telaraña que se teje sola y con recuerdos. Todo el haibun es un elogio de la lentitud.

Susurros es algo inentendible para la razón que busca causas y efectos medibles y contrastables. Eso lo hace tan inquietante para el que busca respuestas que lo saquen del misterio y de la impermanencia de todos los seres que habitamos el mundo. No somos más que una piedra, una flor o un insecto y eso es un duro golpe narcisista. Quizás por esto, quizás por otros motivos, pero lo relacioné con la cantidad de insectos que deambulan por el haibun: hormigas, escarabajo, libélula, gansos, mariposas y hasta una lagartija muerta que emociona frente a la duda: ¿estará muerta o lo parece? Y una pena inmensa me invade como la que siente el haijin llevando el pequeño cuerpo en la mano para depositarlo en su última morada. La vida y la muerte: nacimiento y muerte. Una pena que se diluye como agua en cada rincón del cuerpo. “Algo viene a mí. Algo difuso y agridulce como una melancolía antigua”.



Como verán es un viaje muy largo para resumir en cuatro o cinco comentarios. Prefiero que este Efectos de lecturas sea un primer tiempo de viaje y seguir comentando después de un tiempo necesario de lecturas personales que seguro los enriquecerá como a mí.

Me resulta increíble cómo la lectura de todos los haibun se detiene sola en cada imagen. En cada frase algunas de las evocaciones y sensaciones son conocidas, la mayoría desconocidas para los que recién se inician y para los que ya llevan tiempo recorriendo el camino del haiku

Por momentos un nudo en el estómago, en las tripas, en el haragei dirían los japoneses, me anticipa la angustia de no saber quién soy. ¿La que lee la experiencia de Momiji? ¿O la que es leída por él? Angustia que se calma buscando refugio en cosas chiquitas y bellas como insectos y pájaros y flores y sombras…

A veces para salir de ese no saber que me interpelaba, decidía ir más ligero y sobrevolar la magia de los insectos cantores y sus leyendas que tan bien conocen los niños antes de olvidarlas al entrar al colegio.



Estreno con el comentario de Recogido en el agua una lectura sutil y delicada como las flores que miramos sin ver. ¡Cuántas veces he andado por caminos a ciegas, perdida en mis pensamientos hasta que un haiku me golpeó el hombro y me susurró algo que me despertó!

A medida que avanzaba en la lectura de cada capítulo-viaje-camino me daba cuenta de que el tema no es saber qué dicen los haikus sino darme cuenta de por dónde ando… Cada uno debe descubrirlo, no hay recetas ni programas de autoayuda.

En un momento de vacilación me animé a mostrarle a Momiji mis miserias y él me dijo algo que quiero compartir con ustedes: “Creo que precisamente el tema es dejarse llevar, dejarse arrastrar por esa corriente, ser poseído de alguna manera por ese camino“. Y yo me pregunté si habría otra forma de autenticidad.




7. LA MONTAÑA


Aquí termina nuestro corto viaje y sin embargo tan intenso que volvemos a casa transformados como si hubiéramos recorrido un mundo hecho con el material de los sueños como cuenta Lafcadio Hearn en su libro Sombras. Creo no equivocarme si digo que Momiji está bebiendo de las aguas del profundo manantial que nutren los asombros que regala la naturaleza a los que se detienen a contemplarlos.



HAIKU



de nuevo el sirimiri,

una niña baila

al paso de las tudancas



Tudancas, vacas autóctonas de la zona occidental de Cantabria y que actualmente se extiende por todo el territorio de esta Comunidad, especialmente en zonas de montaña del interior. (Aclaración debajo del haiku)

¿Qué es el sirimiri, Momiji? Una palabra muy usada en el Norte, es una lluvia continua de gotas muy pequeñas. Ah, nosotros la llamamos llovizna. Me gusta el sonido que repica como gotitas tan alegres como la niña que baila mientras pasan las vacas. Me produjo alegría y al volver a leerlo la imagen de unas gotas de llovizna tan danzarinas como la niña, el ritmo y la armonía, me evocaron el mundo tal como lo veíamos en la infancia: la vida no estaba separada en categorías, los niños no saben de animales salvajes y de sirimiris que mojan suavemente. No sienten el temor inducido por los adultos hacia los seres que juegan y danzan juntos.



HAIBUN



LUNA EN LA MONTAÑA



“Sobre una piedra brilla a la luz de la luna el rastro de un limaco. (…) Un oscuro limaco como la noche pura que no miró la luna, que ni siquiera se dio cuenta de que yo estaba allí”.

Nunca he visto un limaco pero lo imagino como un caracol que no tiene casa propia pero sí tiene dos antenas para orientarse en los caminos. Momiji sonríe al contarle que me enamoré del sirimiri y de los limacos. Me cuenta que son palabras muy comunes en el habla cotidiana del Norte montañoso.

Luna en la montaña es un coro de insectos cantores, como los llama Hearn, aparecen y desaparecen entre luces y sombras de un día tras día de la vida en el campo.

Un detalle sutil me emocionó hasta las lágrimas silenciosas que derramo cuando algo me toca muy profundo y ese pequeño gran detalle es la importancia omnipresente en todo el libro de las aves y el volar…

Nada más para agregar salvo que espero que disfruten de la lectura de un libro que recoge pequeños tesoros en el agua que fluye y jamás se detiene.

¡GRACIAS MOMIJI!


Alicia Céspedes








07 febrero 2018

俳句 al final del zazen






primeras luces…
el templo cubierto de nieve
al final del zazen





朝の坐禅が終わったら、外は雪 摂心中なり





Kotaiji, Nagasaki