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さて、どちらへ行かう風がふく

bien... ¿a dónde ir...?
...el viento
sopla...


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08 marzo 2021

senderos

 

Senderos que se pierden en la maleza. Entre los árboles de la ribera la luz de la tarde. Junto al río, aquí era, creo…


El gran abedul con las ramas como un candelabro hebreo.

-Menorah- papá, -se llama menorah.

Enormes. Qué ramas. Yo de pie con la teckel en brazos sobre las ramas más bajas mientras mi padre hace fotos. Y mi madre ríe. Y detrás el río.


Qué curioso. Siempre que llego, vuelvo, paso, por aquí recuerdo aquella tarde y un haiku de Buson. Así, al alimón.


El sendero aquel que se deshacía entre perejil asilvestrado. Creo recordar.

Aquella risa que era como el río que está y ya no, ya no, se va. Un destello. Se pierde como la luz de la tarde sobre la corriente.


Casi sin querer, bajo las ramas del gran abedul, busco la navaja de pesca que mi padre perdió en el río aquella tarde. Aquí fue, sí.



Mi padre y yo pescábamos junto al abedul, el gran abedul, a menudo. Mañanas al alba, con el agua del río haciéndose hielo en el sedal bajo el puntal de la caña. Tardes buscando sombra, con la temporada ya entrada, charlando, callando, compartiendo mirada… dos libélulas pugnan sobre la corriente, origami, ala contra ala, nada, zigzag de la luz…


Siempre, siempre que pescábamos junto al abedul mi padre y yo buscábamos aquella navaja. Al llegar o tras el almuerzo. O justo antes de marchar, cuando ya los murciélagos rozan el agua que se oscurece.


Qué navaja… con las cachas blancas, amarillentas, y el filo así así… no valía nada. La recuerdo perfectamente, como una joya.


¿Qué hora de la tarde es esta en la que todo huele de otra manera? Aquí era. Deshechos todos los senderos. Estoy seguro.





un destello 
truchas desovando 
corriente abajo

 






Publicado en el libro Senderos, Editorial Doente. 2019

http://surimidala.blogspot.com/2020/06/senderos.html




16 febrero 2018

volviendo a su forma



Los pétalos de la margarita recogidos entre las patas de la abeja vuelven a su forma lentamente. Apenas sin moverse, la abeja eleva una de sus patas en dirección al mar.

A veces pienso lo que el bueno de Bashô hubiese escrito teniendo un macro a mano. O Buson. Tela....
Santôka no sé... lo más probable es que no tuviese ni móvil ni macro ni na. 

Imagino que él mismo extendería sin más uno de sus brazos hacia el mar sin saber muy bien por qué, tumbado sobre un campo de margaritas, mientras las cosas del mundo vuelven muy lentamente a su forma original.