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さて、どちらへ行かう風がふく

bien... ¿a dónde ir...?
...el viento
sopla...


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24 marzo 2023

Matsushima. Viajar entre nubes, mecido por el viento









Viaje a Matsushima, Japón. Una mirada, una experiencia. Viaje exterior y viaje interior. 

Entrega del premio internacional de haiku Samurai Hasekura. Homenaje a los habitantes de Tohoku con motivo del aniversario del gran tsunami de marzo de 2011. 

Homenaje a su vez, íntimo y personal, al gran poeta de haiku Matsuo Bashô, que cuatrocientos años antes recaló allí, con motivo de su viaje a los santuarios y montañas de Tohoku, experiencia recogida en su inmortal clásico Oku no hosomichi. Traducido como Sendas de Oku, o bien, Viaje al norte profundo. 

Más información sobre el homenaje a Matsushima aquí:








11 marzo 2015

Kanran-tei, Matsushima



  Me acosté sin componer poesía pero no pude dormir. Recordé el poema chino sobre Matsushima que Sodo me regaló al abandonar mi choza. También Anteki Hara me había dedicado un tanka con el mismo tema. Abrí mi alforja e hice de esos dos poemas los compañeros de mi insomnio. Había también los haiku de Sampu y Dakushi.


Es extraño no saber quién eres cuando te reconoces en todas las cosas. Matsushima. Si una palabra llenó todas mis horas durante un tiempo, de sueño y sueños, esa fue Matsushima, “las islas de los pinos”. 


Es extraño recordar a Bashô recordando. Aquí, donde él mismo se acostó sin componer nada, como yo. Hoy, más de cuatrocientos años después, él es mi compañero de insomnio…


Él y Takano sensei, y el señor Sato, y Hasekura y toda su samurái amabilidad…. Y Matsushima…  y todas estas cosas.



No puedo dormir. A cada vuelta en mi futon noto el aroma del tatami que cubre el suelo. No resisto la tentación de extender un poco el brazo y rozar su tersura con mis dedos. Frío y suave. Recuerdo la kaza-hana, la nieve ligera como pétalos de flores que arrastra el viento del invierno, que caía cuando llegamos este mediodía a Matsushima.  Me recuerdo a mí mismo almorzando en la posada donde se hospedó Bashô la noche que pasó aquí, después de visitar Ojima. Pobre Bashô, con ganas de visitar a los eremitas que habitaban allí y detenido en seco por la luz de la luna. 




   Regresé a la playa y me hospedé en su parador. Mi cuarto estaba en el segundo piso y tenía grandes ventanas. Dormir viajando entre nubes, mecido por el viento. Extraña, deliciosa sensación.


Ese parador se llama hoy Tsukimi no Yakata, la posada para contemplar la luna, y sí, desde sus ventanales se contempla la bahía de Matsushima con su infinidad de islas, formas, colores, sombras y luces, y nubes…


Dormir viajando entre nubes, mecido por el viento… Amigo Bashô... qué cosas dices… qué bien que estés aquí ahora, conmigo…. insomne, envuelto en el aroma del tatami.


Esta tarde, esta tarde… sobre otro tatami, el del Kanran-tei, el pabellón para ver las pequeñas olas, te prometo querido amigo que sentí cómo una nube se deshacía dentro de mí hasta convertirse poco a poco en fina lluvia silenciosa.


Cuántos haikus, cuántos discípulos, amigos, colegas, del maestro Takano, pasaron junto a mí, atravesaron mi alma, allí mismo, en el pabellón desde el que se contempla el suave ondular de las olas. 
 

Pero aquella ola... aquella maldita ola, amigo mío, que se llevó amigos y familiares, historias y hogares, que se llevó todas las cosas. 


Descalzo sobre ese tatami, tan frío y suave como los pétalos de nieve, escuché emocionado cada haiku que aquella buena gente de Tohoku había escrito para mí. Para mí, amigo mío, para mí… No sé qué “mí” es el mío cuando con el corazón sobre la mano, en cada haiku y en cada kanji, un ancianito te dice que tiene que vivir por sesenta. Por las sesenta personas que perdió aquella mañana… Te juro amigo mío que aquel haiku sobre mi mano era de un peso tan profundo y ligero como el blanco corazón de la nieve.


Como a ti, a mí también me hubiese gustado conocer mejor a aquellas personas, aquellas buenas personas buenas, que estuvieron allí aquella tarde para homenajear a mi “yo” más pequeño y conmovido, a mi “yo” más descalzo y transparente sobre el tatami más suave y frío junto al suave ondular de las pequeñas olas de Matsushima. Como a ti a mí también me detuvo la luna. Otra luna… 


Insomne, viajero, nube, sin saber qué decir. Extraña sensación la de no saber… 


Fue solo un momento. No sé por qué pero en un momento dado, después del acto de homenaje, me quedé solo en la sala. Quizá porque pasé rato colocando todas las tablillas con los haiku y dibujos que me habían regalado, allí frente a las magníficas pinturas murales con fondo dorado de más de cuatrocientos años. Me volví y estaba solo. Frente a mí las tazas vacías de té matcha sobre las bandejas de madera, más allá las puertas shôji abiertas al exterior, y más allá el suave, muy suave, rumor del oleaje. Mis dedos, sin saber por qué, sin resistirse a la tentación de quien se mece en el viento, rozaron despacio, muy despacio, la tersura, fría y suave, del tatami…




llegando del mar
renace de isla en isla
la luz del alba















 *Los dos párrafos en cursiva son palabras de Matsuo Bashô. Sendas de Oku en la versión de Paz y Hayashida.


* Kanran-tei "el pabellón para ver las ondas del mar" fue originalmente una casa de té en el castillo de Hideyoshi Toyotomi en Fushimi-Momoyama, cerca de Kyoto. Ofrecida como regalo a Date Masamune en el siglo XVI , la trasladó y reconstruyó en su mansión de Edo. Su hijo Tadamune, el señor feudal siguiente, ordenó que se trasladara a su actual ubicación junto al borde mismo del mar, frente a la bahía de Matsushima, insistiendo en  que ni uno de los pilares de piedra se alterarse en el proceso. Las pinturas, realizadas por Sanraku Kano, directamente sobre las paredes, están declaradas Bien Cultural Importante de Japón y aún brillan con todo su esplendor frente a la bahía de Matsushima.






08 septiembre 2014

俳句 kazahana かざはな










"kazahana"
 dicen que se llama esta nieve,
atardece



Matsushima 10-Marzo-2014




pd. かざはな kazahana : literalmente "flores del viento", copos de nieve dispersos que flotan en el viento de invierno, generalmente con el cielo no del todo cubierto.



15 julio 2014

Hojas en la acera nº 22 Viaje a Japón


 
hojas en la acera haiku
PORTADA
Gio


EDITORIAL

“El haiku, no entendido únicamente como estrofa poética exótica, tiene un valor importante en la educación de nuestros alumnos… permite el acercamiento directo, sin trabas, sin dificultades y sin miedo a la literatura.” Con estas palabras comienza un artículo de nuestro compañero de redacción Antonio Martínez, que podéis leer en páginas interiores, y que resume la línea de trabajos escolares que os presentamos en este número.
  


MÁS:



“Una experiencia de Coria”
de Toñi Sánchez Verdejo


“El valor educativo del haiku”
de Antonio Martínez



Talleres de haiku en Albacete


Taller en IES Puntagorda (La Palma)
“Haikus del almendro en flor”


"Viaje a Japón"
Un viaje muy especial que nuestro amigo Félix Arce -momiji- realizó a Japón con motivo del premio que recibió en el primer certamen de Haiku por Japón Samurai Hasekura. Un viaje llevado a cabo en el mes de marzo por diversos lugares de Japón como Tokio, Kamakura, Matsushima, Sendai, etc. 



“Reflejos de Oriente en el corazón de Albacete”
de Toñi Sánchez Verdejo


Información Instituto Tozai


“La roja y los libros” 
de Isabel Asúnsolo


Libro: “Filatelia”
 de Aitor Francos


Haiku de Autor:
Gregorio Muelas Bermúdez



CONCURSOS:
- Samurai Hasekura Tsunenaga
- Ciudad de Medellín



Kukai de HELA
Listado completo del Kukai de Marzo de 2014





Para ver o descargar la gaceta en pdf:


Para descargar en word:

Hojas en la acera nº 22












24 marzo 2014

bajo la nieve, hierbas de verano



…Desde allí se ve al Kitakami, gran río que viene del sur; el río Koromo, tras de ceñir al castillo de Izumi, se le une bajo el palacio Takadate; las ruinas del castillo de Yasuhira, con el paso de Koromo, que está más adelante, guardan la entrada del sur y constituyen una defensa contra toda invasión. Aquí se encerraron los fieles elegidos. De sus hazañas nada queda sino estas yerbas. Recuerdo el antiguo poema:




Las patrias se derrumban,
ríos y montañas permanecen;
sobre las ruinas del castillo
verdea la hierba, es primavera.

Me siento sobre mi sombrero y lloro, sin darme cuenta del paso del tiempo:

夏草や兵どもが夢の跡
natsukusa ya tsuwamono domo ga yume no ato

hierbas de verano...
restos tan solo
del sueño de los guerreros



Confieso que había imaginado este lugar diferente. Este lugar. El lugar en el que Matsuo Bashô lloró.


No sé por qué pero a pesar de que claramente Bashô habla de ascender la montaña para contemplar todo esto yo siempre imaginé las hierbas de verano meciéndose suavemente en una llanura. Quizá porque los campos de batalla son así en nuestra imaginación siempre. Llanos como la palma de una mano que no sujeta nada.


Camino de Hiraizumi el maestro Bashô se detuvo aquí para rememorar, tal vez soñar, gestas y hechos históricos de los antiguos héroes. Y los poemas en los que otros ya los contaron. Yo, como él, también me detengo aquí camino de Hiraizumi. Ahora es él el rememorado por mí, hoy, mañana de marzo siglos después, bajo esta nieve que cae lánguidamente sobre los ríos y las montañas.


No deja de ser extraño estar aquí, con las hierbas de verano, mientras cae la nieve.


El maestro Takano sonríe mientras le fotografío frente a la capilla. Fujiwara-san casi se descalabra ascendiendo las escaleras cubiertas de nieve talladas en la pendiente. Ella y yo jugamos a lanzarnos bolas de nieve como niños que ajenos a los héroes y las patrias corretean sobre un mundo blanco y nuevo.


Qué extraño es esto sí…




  



 El esplendor de tres generaciones de Fujiwara duró el sueño de una noche…



Sueños, llantos, risas, la blancura de la nieve y de las canas de los viejos samurai.
 
Takano-sensei y yo posamos frente al monumento que conmemora el famoso haiku de Bashô. Él como sorprendido, con las llaves del coche en la mano, yo encogido, siempre tan friolero, con la sonrisa de quien aún intenta asumir dónde está y por qué. Los copos de nieve, con la ligereza y la suavidad de mil años y un sueño, vienen a posarse sobre nosotros, las piedras y las palabras.


Ahora todo es blancura, solo blancura.









Sora (discípulo de Bashô) escribe otro poema:


卯の花に兼房見ゆる白毛かな
unohana ni kanefusa miyuru shiraga kana

flores de deutzia,
¡veo suelto el pelo blanco
de Kanefusa!



Y otro que pasó por allí mucho tiempo después:

cielo de nieve…
las huellas de alguien
que subió y bajó la montaña







Monte Takadachi, Iwate, Japón, 11-03-2014 











17 marzo 2014

Ryôanji. El Templo del Dragón Tranquilo


El templo zen de Ryôanji en Kyoto, patrimonio de la humanidad, es famoso entre otras cosas por su jardín seco. Quince rocas distribuidas en tres grupos flotando sobre una superficie blanca de gravilla rastrillada primorosamente.

Cuentan que es imposible ver las quince rocas al mismo tiempo. Siempre al menos una queda oculta tras otra. Se ha especulado muy mucho sobre el significado de esto. Y de aquello.
Yo no sé... Transmite paz. Eso lo puedo asegurar. La blancura de las hondas de gravilla remansándose entre las rocas ribeteadas de musgo... la nada que parece flotar sobre las propias rocas que flotan... no sé...

Dicen también que lo mejor es ir bien temprano para que no haya gente. Uf... Yo lo intentaría pero pero... De todas formas aunque sé que el Templo del Dragón Tranquilo (es lo que significa Ryôanji) no fue diseñado pensando en hordas de turistas también intuyo de alguna manera que todo eso no importa, que quien quiera que diseñara esta maravilla sospechaba, también de alguna manera, que el vacío reluciente de todas las cosas habita siempre y en todo lugar o circunstancia.







Mirar estas rocas y estos rostros, sabiendo que siempre hay un algo que se nos escapa detrás de cada uno, que no veremos jamás, es acariciar ese dragón tranquilo que está aquí, ahora, contemplándonos en silencio, en el profundo silencio del mundo.









14 marzo 2014

Tsuruya Yoshinobu o el arte hecho azúcar



El lugar se llama Tsuruya Yoshinobu y está en Kyoto. Es una confitería... tradicional... sí, eso. Y algo más. Mucho más. Sería el shinkansen de las confiterías.

Este señor tan amable trabaja ahí mismo, delante de ti, explicándote cómo él se expresa con sus pasteles y dulces que cambian con cada estación del año, al ritmo de la naturaleza. Sus manos se mueven con la soltura y precisión del artista de shodô que traza kanjis con tinta, del alfarero que modela la arcilla, qué dulce esta arcilla...

"Para contemplar el mundo y dejar hablar a tu corazón tú usas palabras en tus haiku, yo uso azúcar"

Una flor de cerezo, una flor de colza. Del rosa al verde. De delicia a delicia.

"Mientras elaboramos flores en nuestros dulces nosotros los japoneses llamamos a la primavera, para que venga pronto".

Quizá nunca haya comido dulce tan dulce, de esta clase de dulzura. Escuchando y mirando. Mientras en silencio mi corazón aguarda la primavera que ya llega.

Gracias Keiko por hacernos descubrir este lugar tan especial.

 
 







12 marzo 2014

Dos almas simples bailando en el centro de Tokyo

Cuando dos almas simples se juntan pasan cosas así. Dos gansines bailoteando en el centro de Tokyo. Más allá de las fachadas de espejo de los rascacielos los "salaryman" recién salidos del trabajo fuman y charlan mientras miran de reojo.

Sobre unos y otros las luces de los neones se encienden iluminando la noche japonesa.
Y aún más allá, unas risas, ay qué risas jajaja, con más luz que todas las luces de Tokyo...






11 marzo 2014

Matsushima... oh Matsushima...


No soy muy de amaneceres lo reconozco, más mochuelo que alondra... pero a veces uno despierta sin más, sin saber por qué, y se encuentra con espectáculos así.
Gracias jet lag gracias.

Ahora entiendo a Bashô perfectamente. Embelesado y sin palabras.
Casi una hora, un segundo, mil años, aquí mirando, sin más...
Veintiocho fotos, veintiocho. Y total, para nada..