Qué extraño escuchar la propia voz y no reconocer en ella sino solo un eco, uno más de los sonidos del mundo, como el crepitar del fuego o la llamada de los grillos. Es hermoso.
Grabé esto hace casi un año y no lo había vuelto a escuchar. El aware.
Gracias al trabajo exquisito, tan bello, de Enrique Linares, tan generoso, ese eco resuena de nuevo mucho más cálido, más cercano. Mucho más hermoso.
Gracias, de corazón.