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さて、どちらへ行かう風がふく

bien... ¿a dónde ir...?
...el viento
sopla...


24 diciembre 2011

Feliz Navidad (donde quiera que estés, quien quiera que seas, cuando quieras)


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Sí, ya sé que esto no parece una felicitación navideña.
Que ni siquiera esta foto es una buena foto. Que no hay reflexiones ni poemas. Que por no haber no hay ni nieve.
Una playa. Sol. El rumor de las olas…
Pero si la Navidad es Navidad y el Año Nuevo realmente Nuevo, allí, entonces, fue Navidad.
Aquel día, en esa playa, nació un niño y un año nuevo comenzó. Y el presente fue un presente.

Qué regalo.

Qué regalo hoy.
Tú.
Dibujando gatos sobre la arena. Naciendo. Estrenando año ahora.
Y después otro.
Qué regalo nacer niño contigo.
Y ser playa, sol, el rumor de las olas…
Qué regalo ser regalo.

¿Feliz Navidad? Claro. Siempre
 Sonrisa 





16 diciembre 2011

El Camino del Viento. Haiku

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La colección Haibooks de QVE en colaboración con la AGHA, en su empeño de seguir afianzando el Haiku en castellano, acaba de editar su quinto libro llamado "El Camino del Viento".
Con prólogo de Susana Benet y reseña de Elías Rovira.
"El Camino del Viento es un libro de Haiku. Decir esto parece no añadir nada a lo que ya se puede leer en la portada, pero conviene matizar. Desde hace tiempo la palabra haiku es mal usada, a veces con el poco respeto que se suele tener con lo que no nos tomamos la molestia de conocer. Es frecuente llamar haiku a todo aquel escrito de tres versos de 5-7-5 sílabas respectivamente, cuando de entre sus muchas posibles cualidades, tal vez sea ésta la más prescindible. El camino del Viento viene a poner rigor en ese panorama. Ello es posible gracias al aval que supone quienes firman la obra. Félix Arce, Manuel Díez Orzas, Giovanni C. Jara, Mercedes Pérez y José Luis Vicent son personas que no necesitarán presentación para los conocedores del verdadero haiku, y que en adelante supondrán para quienes los lean un referente. Por estas firmas que respaldan el libro, y muy especialmente por su contenido, El camino del Viento está llamado a ser un hito del haiku en castellano. Sin duda, una ocasión muy especial para adentrarse en él. Pero de verdad."


Lo podéis adquirir en:

Las Heras Papelerías Y Librerías S.l.
C/ Collado, 38, 42002 Soria
975 21 14 47

‎lasheras.net


Santos Ochoa Soria
Plaza de San Blas y el Rosel, 3, 42002 Soria
975 22 22 17   902 19 15 00   637 85 71 65 (Móvil)

santosochoa.es


Librería Macondo
C/ Zapatería, 25, 42002 Soria
975 22 61 67 ‎


Librería Pedagógica Píccolo - CPA
C/ Santa María, 6, 42001 Soria
975 21 31 38 ‎

libreriapedagogicapiccolo@gmail.com


Y también en:

- popular libros
- librería HG
- en el rincón del haiku

p.v.p. 10 €


Gracias _/|\_


09 diciembre 2011

潤み de dónde…

 



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“de dónde vendrán estas hojas”
me sorprendí a mí mismo
diciendo
mientras soplaba el viento

de dónde
a dónde
mis palabras


14 noviembre 2011

Bal



bal1

  En las noches azuladas de verano seguiré senderos
 después de los pinchos pisaré la suave hierba,
 los pies de esta soñadora sentirán su frescura
 el viento humedecerá mi cara desnuda.

 No hablaré, mi mente estará vacía,
 pero el amor eterno brotará de mi alma.

 Andaré lejos, muy lejos,
 cual vagabunda, por el campo,
 como cuando era niña.

 

Un niño contempla en silencio cómo su compañera de clase aprende a leer repitiendo una y otra vez los versos de un poema. En la película de Kaplanoglu: “Bal” (miel) no se habla mucho. Es de esas películas que me gustan a mí, en las que “no pasa nada”, como dirían mis amigos con una sonrisa indulgente.
A lo mejor en la Turquía “profunda” es así. Nunca pasa nada.  En la profundidad de los bosques, de las montañas, qué va a pasar… El pequeño Yusuf apenas habla con nadie. Vagabundo de su misterioso mundo interior contempla el mundo con unos ojos muy abiertos, a veces tristes, silenciosos. Yusuf, su madre, su padre, las montañas… Su padre. Sobre todo su padre, recolector de miel, con el que se comunica apenas con susurros. A lo mejor los secretos del bosque se deben contar siempre así, en voz muy baja, acercando la boca al oído de quien escucha.
Yusuf apenas habla, pero escucha con los oídos y los ojos abiertos de par en par. Con sus ojos serios contempla maravillado a su padre. Su padre que desvela secretos  subiendo a los árboles a colocar las colmenas o llamando al halcón. Su padre que habla junto a la chimenea de los oseznos recién nacidos en la montaña. Que apenas susurra nada, la nada, frente a los graves ojos de Yusuf.
 

Mi padre solía decirme que reía poco. Que a menudo parecía triste sin motivo aparente, sin saber por qué.
Ahora recuerdo sus palabras y pienso que debí reír más entonces.
Ahora que recordando la voz de mi padre me siento triste. Con motivo aparente.
Sabiendo por qué.
 
Hoy es (¿era? ¿fue? ¿sería?) su cumpleaños. Esta mañana dudé en subir al cementerio. Pero el cielo estaba demasiado gris y las hojas de liquidámbar parecían tan incomprensibles sobre las calles… Llamé a mi hermano y tomamos un café. En él está. En él, en mí, aguardan todos sus secretos. Me basta guardar silencio un momento, contemplar con mis ojos serios, a veces un poco tristes, para escuchar su susurro.
No hablaré, mi mente estará vacía, pero el amor eterno brotará de mi alma.

Cuando Yusuf escucha a su compañera de clase leer ese poema, un poco a trompicones como hacen los niños pequeños, se queda maravillado. Sonríe. Ella no se da cuenta. En su boca parecen estar todas las palabras que Yusuf guarda en su corazón.  
En las noches azuladas de verano seguiré senderos… Me encanta ese verso…
Me parece una versión de un poema de Rimbaud: “Sensación”. De su libro “Una temporada en el infierno”. Mi favorito.
Cuando yo leí ese libro creía, con mi adolescente candidez, estar pasando mi particular temporada en el infierno. Yo también guardaba silencio con mis ojos serios. Sin saber buscaba la miel que fabrican las abejas en las ramas de los árboles. Y llamaba a los halcones…
Ya mi alma susurraba secretos junto a mi oído. Pero yo no escuchaba…
Y mi padre me decía que reía poco…

bal2Pobre Yusuf… Esperarás toda la noche al encantador de abejas, intentando atrapar la luna en el agua. Hasta que el cansancio y el sueño te venzan.
Niño de ojos tristes… En las noches azuladas de verano seguiremos senderos. Después de los pinchos, pisaremos la suave hierba…
La fragilidad. Siempre supe, o sospeché, que la naturaleza, la de verdad y la otra, la nuestra, no es amable con lo frágil. En días como hoy siento algo extraño dentro de mí. Es algo delicado, algo que puede romperse en cualquier momento. No sé qué es.
La fragilidad de las montañas y los secretos, de los bosques y nuestras ilusiones.
En días como hoy, en los que no pasa nada, camino por las calles como niebla. Un suave susurro que se desliza de hoja en hoja. Soy un niño pequeño que remolonea en casa, vagabundo de la ausencia, que contempla con ojos graves cómo cae la tarde azul y poco a poco llega tan sólo la noche. Hasta que el cansancio y el sueño le vencen…



en completo silencio…
vuelvo a guardar
los zapatos de mi padre





“Te lo ruego padre… ábreme la puerta. Tengo miedo del monstruo del bosque…” Idir – A vava Inouva














11 noviembre 2011

Calendario 2012 Solidario con Japón





Ya está disponible el CALENDARIO SOLIDARIO CON JAPÓN, en el que he tenido la oportunidad de colaborar con un haiku, y la exposición de las fotografías y haikus que aparecen en el mismo.

Exposición de FOTOGRAFIA Y HAIKU (poesía) Del miércoles 9 al sábado 26 de noviembre de 2011. Centro Joaquín Roncal - Fundación CAI-ASC San Braulio 5-7, 50003 Zaragoza, España.
Inaguración: Miercoles, el día 9 de noviembre de 2011. 20:00. Entrada libre

CALENDARIO 2012.Para el fondo de recaudación por las victimas del Tsunami en Japón .11.2011.
El calendario recaudado tras la venta del 1000 calendarios irá destinado para los niños que perdieron su colegio de primaria en la ciudad de ISHINOMAKI, prefectura de MIYAGI.

De venta en:

Buenas Noches. C/ Casto Méndez Núñez, 19 50003 Zaragoza 976 395 842
http://aragonguia.com/opiniones/Zaragoza-Ciudad/Tiendas/Hogar-y-Decoracion/Buenas-noches

La ruta de la seda . C/ Baltasar Gracián, 29 50009 Zaragoza 976 401 441 .www.larutadelaseda.net/presentacion.html

Círculo Vital. C/ Vista Alegre, 7, Local 50007 Zaragoza (Zaragoza ) 976 388 186 http://www.circulovital.es/

Gimnasia KAYUKI Paseo Cuéllar, 22. 50006 Zaragoza 976 258 480 http://www.kajuki.com/

E.D. Fisioterapia Estética y Digestiva. Residencial Paraíso, local 45, 50008 Zaragoza, 976795398

CAI. Joaquín Roncal Centro Joaquín Roncal - Fundación CAI-ASC. San Braulio 5-7. 50003 Zaragoza http://www.joaquinroncal.org/

Las Ranillas Centro Hidrotermal. Paseo de la Noria, 2.Meandro de las Ranillas. Parque metropolitano del Agua.50018. Zaragoza http://www.lasranillas.es/hidrotermal/


Gracias _/|\_




29 octubre 2011

親愛なる日本 Dear Japan






Un año, un segundo. A veces creo que lo soñé.
A veces...
A veces son los otros los que ponen palabras, imágenes, a nuestra mirada.
Dear Japan... Yo podría haber filmado ese vídeo. Cada una de esas imágenes están en mi corazón.
Qué misterio.
Un segundo, un año.



さて、どちらへ行かう風がふく
Bien, ¿a dónde vamos?
Sopla el viento


Santôka. Santôka en la voz de Vicente Haya (arigatou gozaimasu, itsumo), Santôka poniendo palabras a la mirada de mi corazón, otra vez. Qué misterio.
"...convertirse en un vagabundo en el mundo de lo real por culpa de la belleza que un día nos trastornó..."

Aquí, allí. Ahora, entonces... Esta terrible belleza que me venció. Este simple destello al que nací.
¿Dónde? ¿Cuándo?
Camino contemplando el cielo. Las nubes. Las maravillosas nubes. Pierdo el equilibrio. Me mareo mientras continúo mirando el cielo, sin poder dejar de mirarlo.
Aquí estoy. Solo. ¿Aceptarás mi rendición? ¿aguardarás mi llegada a la luz de tus ojos?

El viento fresco del otoño. Cambia de pronto. Hay algo... el asombro.


27 abril 2011

¿QUIERES QUE VICENTE HAYA CORRIJA TUS HAIKU?

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 ¿QUIERES QUE VICENTE HAYA CORRIJA TUS HAIKU? 
 
Ahora tenemos una magnífica oportunidad.
Es muy sencillo:
Enviar los haikus a:
vicente_haya@yahoo.es
junto con el numero de trasferencia u operación de ingreso del dinero de :
40 euros por cada 100 haikus (o hasta 100 haikus)
en :
Cajasol c/c 2106-0564-10-1002012980
como concepto poner : "haiku"
a nombre de :
Vicente Haya Segovia
Y abrirse una cuenta en skype, enviando contacto a:
vicente. haya.segovia (poner mensaje de bienvenida: "corrección de haikus").
para poder comentar en la hora asignada por Vicente Haya y durante una hora, lo que sea menester en relación a los haiku enviados.
Ánimo. Es una magnífica oportunidad que nos brinda Vicente Haya. Aprovechémosla.
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11 agosto 2010

la blanca tristeza de lo incomprensible


Siempre me pasa lo mismo. No hay como hablar para tener que callar. O querer callar para no poder dejar de hablar.
No quería escribir sobre la bomba. No quería escribir sobre el dolor y la tristeza. Hoy no. Hoy ha brillado el sol todo el día. Esta noche el cielo será surcado por las perseidas. Es la noche de San Lorenzo. Y de sus lágrimas.
Esta mañana yo ni siquiera sabía qué decir, si decir o no decir más bien, en el post de mi amiga Kotori. Mi querida compañera de camino, hermana de kokoro. Ya conocía el texto. Claro. Hace meses. Y lo leí el otro día. El seis de agosto. Y lo volví a leer el nueve de agosto. Y esta mañana.

Podría decir que sobran las palabras. Podría decir que todo aquello, el tiempo detenido, la muerte y la destrucción, me supera. No sé. Sí, supongo que sí. Pero en realidad no lo comprendo. Simplemente no lo comprendo.


El jueves pasado, en una de las salas de la biblioteca donde trabajo entró un gorrión. Por la tarde hacía fresco y no era necesario el aire acondicionado. Era justo antes de cerrar y algunas ventanas estaban abiertas. Ese gorrión entró por una ventana abierta, revoloteó unos momentos por la sala hasta que medio cayó en una gran planta que adorna la estancia. Cuando me acerqué se asustó y voló de pronto. Se estrelló contra una de las ventanas, una de las pocas que estaba cerrada, con un golpe fuerte, sordo. En el suelo, con la tripa hacia arriba, se estremeció unos instantes, sus alas, sus patas… Después se quedó quieto. Me acerqué corriendo y lo recogí en mi mano. Ya no se movía. Sus ojos se cerraban poco a poco.


Ayer escuchaba una de mis bandas sonoras de cine favoritas. La de "El Imperio del Sol". Es una de mis películas preferidas de Steven Spielberg, que no son muchas. Aparte de la banda sonora escrita por el gran John Williams que siempre me gustó, varias escenas son las que recuerdo indefectiblemente cuando pienso en esa película. Cuando el pequeño Jim se pierde en el caos de Shangai justo antes de que el ejercito japonés tome la ciudad. La escena en que abre el balcón para que el viento borre las marcas que ve en el suelo de la habitación de su madre. Huellas de pies, de manos, de botas. De infamia y de violencia. Sus juegos con los aviones de juguete junto a los aviones de verdad, los Nakajima y Mitsubishi Zero como los que meses después bombardearán Pearl Harbor.

A Jim le encantan los aviones. Aún es un niño. Aún lo es. Pero la guerra destruye la inocencia y corrompe el espíritu. A los niños los mata. Da igual la edad que tengan y dónde habiten.

En la novela homónima, James G. Ballard, el verdadero Jim, relata su odisea en aquel tiempo tumultuoso. Con su traje de colegial inglés la vida le dará las lecciones más duras. “Llegó un día en que ni siquiera recordaba el rostro de mi madre”.


Aquella mañana en Nagasaki, en el Museo de la Paz, unos origami de grullas multicolores hechas por niños dan paso al horror. Sí. El horror existe. Más allá de los relojes parados, dalinianos, y las botellas de vidrio grotescamente fundidas, de las vigas retorcidas y la ropa quemada, de las horripilantes fotos, lo que me llegó al alma, casi blanca ya, fueron los poemas de los supervivientes, algunos, niños.

Era conmovedor leer la traducción al inglés de sus poemas que hablaban del fuego, del calor sofocante, de la sed. Y de luciérnagas y libélulas. Sus compañeros de clase. El rostro de su madre…


El gorrión murió sobre mi mano. Aún así lo llevé a casa. No sé qué esperaba. Que no estuviera muerto del todo supongo. Quizá que la muerte fuera algo remediable. Que la muerte fuese algo comprensible, de verdad comprensible.
Lo dejé sobre un jersey toda la noche. Arropado.
Tenía las comisuras del pico muy amarillas. Era muy joven.
A la mañana siguiente estaba rígido y frío. Lo llevé al parque y lo dejé en el suelo, entre un macizo de flores.
Algunos gorriones volaban y saltaban de un sitio a otro. El sol brillaba en el cielo.


De El Imperio del Sol recuerdo sobre todo una escena: los prisioneros del campo son trasladados no se sabe muy bien a dónde. La marcha a pie es penosa. Algunos no lo resisten y mueren de agotamiento. La Sra. Victor, que cuidó de Jim durante la estancia en el campo de prisioneros, que hizo un poco de madre no sin tensión, es una de las que cae rendida una noche por pura debilidad. Jim no quiere que cierre los ojos, hace todo lo posible para que resista. Es inútil. Al rayar el nuevo día una luz brillantísima ilumina el mundo. Un viento poderoso recorre la tierra. Jim, atónito, grita entusiasmado pensando que es el alma de la Sra. Victor que sube al cielo.

Poco después se enterará por la radio que una nueva arma es la responsable de esa luz y de la muerte de millares de personas. Jim solloza. Ha perdido su niñez para siempre.

Cuando aquella bomba cayó sobre la tierra algo de todos nosotros murió. Se fue para siempre.


El bombardero B-29 se llamaba Bock’s Car y su bomba de plutonio Fat Man. El humo y el polvo de la detonación se asemejó a una enorme seta, una amanita con su anillo y todo, que se elevó majestuosa y reluciente hasta casi rozar el cielo. Cualquier niño, quizá como Jim, hubiera podido dibujar una seta como esa y haber jugado con aviones de juguete que se llamaran “el coche de Bock”. Y la bomba “gordinflón” en sus manos de niño sería blanda y pintada de colores, ligera como una grulla de papel.


¿Qué mal nos habita? ¿Qué clase de insana razón mata el sencillo instinto que nos guió en la niñez? ¿Quién destruye nuestra pureza? ¿Cómo fuimos capaces de corromper incluso la luz?

Hubo un tiempo, lo hubo, estoy seguro, en que sobre nuestra mano sostuvimos la vida y no la muerte. Hubo un tiempo en que todos fuimos uno en el corazón de la naturaleza. En el que comprendíamos, sin tan siquiera necesitarlo.


Salgo a contemplar la noche. Las estrellas fugaces. Sé que no las veré. La ciudad tiene su propia luz, demasiada. No importa. En este silencio profundo y puro de la noche, este silencio que es mi silencio, esos destellos luminosos surcan ahora mismo el cielo, como siempre fue, lo sé.

Todavía hoy un niño en alguna parte, estoy seguro, vuela con aviones de juguete y cree que todas las setas son de colores, y que la luz es Luz. Y que la muerte de un pájaro es siempre algo incomprensible.