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さて、どちらへ行かう風がふく

bien... ¿a dónde ir...?
...el viento
sopla...


04 diciembre 2018

haiku de adviento II


-Ven, ahora uno de verdad-  Ahora mi cuerpo es mi cuerpo. El abrazo que aquieta mi corazón. Transparente. Laurel envuelto en musgo, aire en el aire. Ahora.

Mas allá de su hombro, de su pelo, las hojas amarillas de los avellanos, de los arces.

Esta luz...

-Parece tamizada por unas vidrieras- digo sin pensar. Muy bajito. Levantando la mirada.

Las copas de los árboles casi se cierran como una cúpula vegetal sobre la hondonada que forma este lugar tan extraño. Atravesadas por la luz de la tarde las hojas, las ramas... el aire... parecen brillar con la lluvia, tan lejana,  de la mañana.

Esta luz como un abrazo...

Uno de verdad. Uno que acoge y despoja. Uno que envuelve y transparenta.

Qué bien se está aquí. Qué bien suena mi corazón en silencio. Envuelto en otro.
 Helecho en la lluvia, pájaro en la mañana. Luz en la luz.





hoy hay otra luz…
de pronto caen del álamo
hojas amarillas


Haiku de Kotori. Segundo del curioso calendario de adviento.






03 diciembre 2018

haikus de adviento


A la iglesia voy a cerrar los ojos. A esperar. El canto de los pájaros es aquí tan claro...  Las puertas abiertas...  pero ¿de dónde viene realmente?
Una llovizna que va y viene, mezcla de agua y nada.

Todo este silencio que guarda la bóveda de piedra. Tenue luz. La soledad de mi corazón que aguarda...  ¿qué esconden? ¿con quién hablan los pájaros cuando callan?

Adviento. Con los ojos cerrados la claridad de una luz que se acerca. La mañana. El abrazo primero de un amigo que llega, de un hermano. El primer “te quiero” de quien ya me esperaba sin yo saberlo...   


Quisiera gritar. Al aire libre,  sin producir sonido alguno. Con todas mis fuerzas.
Pienso de pronto. Pienso sin saber por qué.
Encontrar en la soledad de todos mi propia soledad. Que su silencio sea mi silencio.

Haikus de mis amigos. Una lejana llovizna que cala sin mojar, hasta el tuétano. Mezcla de nada y silencio.


Recuerdo un haiku del entrañable Jorge Braulio

La luz del alba...
Un cuerpo que encontró
ya su silencio


Primer haiku de un calendario de adviento extraño y salvaje.  



La imagen puede contener: océano, cielo, nubes, exterior, naturaleza y agua









18 septiembre 2018

Zhu Da, la persona que ríe y llora




Esta obra de Zhu Da me recuerda a los mubles nadando que a veces me entretengo en mirar aquí, en la ría. No sé muy bien cómo se titula, creo que algo de patos y peces. He buscado los patos pero no los veo por ningún lado. Volaron, hasta de internet, parece.

Zhu Da deambuló entre la vida regalada de la corte Ming y la austeridad monacal de los bosques y las montañas, entre el budismo y el taoísmo, entre la risa y las lágrimas. No en vano al final de su vida firmaba como Ba da Shan ren y utilizando unos caracteres semejantes a decir “persona que ríe y llora”.

Quizá he escogido ese casi-muble esbozado a tinta porque me ha recordado a mí mismo mirando el nadar de los peces entre pleamar y bajamar. Con la mirada casi en blanco ante la desorientación que provoca un mundo que sobrepasa y maravilla siempre.

Alguien que ríe y llora. Pocos apelativos mejores se me ocurren para una especie como la nuestra, entre el cielo y la tierra, que mira peces y ama montañas, y pájaros (quizá patos) que ya se fueron.

O “Mono en casa”. Ese también es bueno, como alguna vez firmó también el bueno de Zhu Da.







12 julio 2018

Nao Victoria


Pues ayer la vi navegando. Me acerco a los acantilados y ¡anda! La silueta de una nao en el horizonte. Rumbo al este. ¿A Getaria?

Hace unos años la vi amarrada en Santander. Qué pequeña. Me pareció más enorme aún el océano.

Un grupo de gaviotas en formación vieneva en el aire, no lo sé hasta que no las miro con los prismáticos. Viene. Los pocos pesqueros viran todos al mismo tiempo sobre el ancla empujados por el viento. Hay más olas de las que parece. Salicornia. ¿Será esta planta de aquí? Me gusta ese nombre. Salicornia. A mi espalda el murmullo de los pájaros que llega del bosque. La nao cada vez más pequeña. El océano más grande.

El horizonte diferente.


11 julio 2018

remolinos quietos





Así como mi amigo Alberasan persigue con su arte pájaros y libélulas, y de qué manera tan bella, así yo mismo ando y me conformo tras la quietud de caracoles amarillos. Mi zoom, mi macro, es la transparente lentitud que a unos y otro nos dio los kami. Remolinos quietos, exploradores pausados deslizando su mirada de hoja en hoja, a tientas, con los ojos en las puntas de los dedos.

Amigo mío, vaya fotos chulas hubieses hecho. Me acordé de ti. Cuando ya caía la tarde, bajo cada flor de milenrama aguardaba un caracol. Quién sabe a qué, a quién.

Lástima que uno y su móvil no den pa'más.








06 julio 2018

el olor de las montañas


Con él ha entrado en casa el olor de las montañas. En sus palabras, pocas, en sus silencios verdes el eco del aire que transparenta la soledad de las cumbres. Cansado y animado, diferente. Afuera la lluvia.
 

Subido en el murete junto a los magnolios digo adiós. Con señas le indico que se siente en la otra fila de asientos. Se ve el mar.
Abre mucho los brazos y con gestos hace ademán de nadar.

Arigatô, arigatô tomodachi, repetíamos mientras el sirimiri no dejaba de caer, aquí, al amparo del gua, en el consuelo de las montañas.