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さて、どちらへ行かう風がふく

bien... ¿a dónde ir...?
...el viento
sopla...


27 julio 2017

en la arena, arena



Casi me quedo dormido. A sotavento de la pequeña duna que  separa la playa de la ría que viene de la marisma. He caído derrengado, como esos tipos de las pelis que se pierden en el desierto. 

Sin esfuerzo alguno, caminar sin rumbo claro hasta llegar aquí. A exponer mi cuerpo al sol, sin remedio.

Casi me he dormido pero no. Una especie de ataraxia pesada y sobrevenida ha invadido cada célula de mi cuerpo. Noto el sol bordear sin piedad la visera de mi gorra sobre la cara, la tibieza de la arena en mi espalda, el zumbido de un abejorro por aquí cerca que vuela y se posa, y vuelve a volar.

Ahora escribo no sé qué para qué. Una garceta corretea en la ría persiguiendo peces. El boli choca con granos de arena casi invisibles.

Ojalá me hubiese dormido. Profundamente. Arena en la arena.

Hay una soledad casi perfecta aquí. El sol, el viento, el sonido de los pájaros en la marisma y el del mar tras la duna. Sin embargo hay días que me pesa hasta mi existencia.

Como la radiación de fondo del universo hay algo en mí que siempre subyace a todo lo que hay y siento. Algo que viene de un lugar lejanísimo y desconocido. Y que sin embargo me constituye de alguna manera que ignoro.

Hay una vida que no es mi vida. Y que me habita.

Me gustaría arrancarme algo  importante y dejarlo ahí, sobre la mesa, o en la arena. Algo que pese mucho y no se vea a simple vista.

La garceta sigue pescando. Corretea de vez en cuando con la mirada fija en el agua. Otras veces quieta como una blanquísima tibia expuesta al sol. Nada más. 

No puedo dejar de mirarla. Mi mente queda blanca y hueca por un momento.

Arrastro con los dedos la tibieza de la arena clara. En las hojas del cardo marítimo una suavidad extraña.







12 julio 2017

cuando no hablo con nadie




Con quién hablo cuando no hablo con nadie. Aquí, ahora. “Qué hormiga tan gorda”. Como a un niño. Como a un gato que te mira. Quizá. 

Siento la milenrama en mi espalda mientras me apoyo contra la roca del cantil. Me roza un poco en el brazo mientras escribo. Nada.

Quizá lo que pasa es que hablo con Ella sin darme cuenta. Quizá con quien habla Ella cuando no habla con nadie. 

No sé, pero es agradable. Natural. Ese natural, sencillo, de las cosas que suceden sin malicia y sin temor. Sin objeto ni pretensiones. Como el sirimiri que empieza a caer sin más, en su  momento. O una pagaza que vuela y no hace nada para seguir volando. O las hormigas, gordas o no, que en su caminar diminuto no distinguen la roca del acantilado de mis pies descalzos.

“Uf, qué calor…” Cuando se apartan las nubes sí que lo hace sí. “Chicharra”.

Es relajante este hablar como las olas. En un ir venir calmo que lo refleja todo. El tranquilo ritmo de un mar en calma, una respiración de alguien sentado en el borde la tierra. Al sol.

Quién dice, quién escucha. Murmullo del agua que conversa consigo misma.








俳句 espirales






rumor del oleaje...
espirales de un milano
sobre el encinar






19 mayo 2017

Luna en el río



Qué puñado de buenos amigos en este libro. Qué buenos recuerdos y sentimientos formar parte de él.
Gracias amigos míos.