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さて、どちらへ行かう風がふく

bien... ¿a dónde ir...?
...el viento
sopla...


13 noviembre 2020

la profundidad del otoño

 El milano real da dos vueltas a baja altura sobre el río y después se acerca hacia donde estoy sentado. No me atrevo ni a masticar un cacahuete más. Ni a respirar. Remonta la quebrada haciendo espirales. 


Mueve apenas las alas, la cola. Parece apoyarse en el aire.

Por un momento pienso que no me ve. Por un momento pienso que podría estirar el brazo y tocarlo.

Vuelve hacia el río quebrada abajo. Desaparece tras un cerro.


El silencio es total. Perfecto.



Caminar hasta perder lo senderos. Entre los rebollos y los pinos. Los robles, los serbales, los árboles, los troncos desnudos y las hojas verdes y amarillas. Y las espinas y las bayas rojas. Y lo que ya no sé nombrar.

Caminar hasta perder las palabras.

Los colores de la mañana. El aire. La luz del otoño.

kare ichigo, ware ichigo… aki fukami kamo

una palabra, otra, él, yo... ¿será esta la profundidad del otoño….?

Recuerdo, improviso, siguiendo la rama del roble que casi horizontal se extiende sobre el sendero.

Si un amigo estuviese aquí no sé qué le diría. Nada. Ni una palabra. Ni otra. Nada haría falta. Quizá esté. Ese amigo y aquel otro. Quizá estén todos aquí. Y yo no los oigo. O sí. Porque callan.

Porque se apoyan en el aire, sí, eso parece, eso siento.

En la profundidad del otoño que se extiende, casi horizontal, señalando todos los caminos. Ninguno. Hasta casi tocar el aire.

Seguiría caminando. Seguiría sin más. Espirales en el aire, lo que fui, aquello que salió del agua y vuelve a ella. Sin saber. Perfecto silencio.

En el musgo humedezco las manos que movieron aquella piedra.

Campo a través, boñigas de ciervo señalan la ruta.

Volver. A dónde. De dónde. Estirar el brazo y tocar…

A veces no me atrevo ni a respirar.

Cuesta arriba, en el horizonte blanquecino siluetas de gente buscando setas.











02 noviembre 2020

La noche y el día: Una fila de hormigas sobre la hierba

 

“El silencio interior es esencial para poder oír la llamada de la belleza y responder a ella. Si en nuestro interior no hay silencio -si nuestra mente, nuestro cuerpo, están llenos de ruido- no oiremos la llamada de la belleza”

Silencio. El poder de la quietud en un mundo ruidoso. Thich Nhat Hanh





La noche y el día: Una fila de hormigas sobre la hierba



Mi enorme gratitud a Enrique Linares, Carmen Sánchez Requena, Nicolás Trujillo y todos los demás que han hecho posible este vídeo. Por su magnífico trabajo, por su generosidad, también por su cariño, sobre todo por eso.





24 octubre 2020

la gente de las colinas

 






El cometa que no vimos. Las luciérnagas que sí. Tres. Mágicas.

Qué cansancio de repente. Un pájaro canta en alguna parte. Trinos que entran por la ventana abierta del norte y atraviesan toda la casa. Todo lo que hay en ella.

De repente se ha ido el sol. El viento parece venir del oeste, no sé a dónde va.

Anoche el viento era tan tibio, las estrellas tan brillantes. Pequeñas. Apareciendo poco a poco en el cielo sobre el mar. Como luciérnagas que se encienden de pronto entre lo más oscuro del bosque.

En el sendero de “la gente de las colinas”.

Cuando era niño pensaba que yo era uno de ellos. De ellas. Shide. Que como cuentan las leyendas “la buena gente” habían pegado el cambiazo en mi casa y a mí me habían dejado en el lugar del verdadero hijo de mis padres.

Creo que de niño leía demasiados cuentos de hadas….

Creo que ahora recuerdo demasiado.

A través de los viejos prismáticos de mi padre, el de verdad o el imaginario, vemos la vela de un velero solitario. La línea del horizonte separa el cielo del mar, justo ahora, la noche del día, la oscuridad de la claridad que se va. Qué solitario. Sí. Sus lucecitas en mitad de tanta poca luz. La silueta de su vela. Brilla. Es lo único que brilla, además de todo este silencio haciéndose noche.

Neowise. Seis mil años, más o menos, dicen que tarda en darse una vuelta por aquí.

Un cometa, una luciérnaga, la gente de las colinas… El brillo que se escapa tras las nubes o frente a las palabras. Esas cosas que están delante de mí y no puedo verlas. Ni nombrarlas.

Que nunca serán mías.

No sé qué estaba haciendo, o diciendo, cuando el petirrojo cantó una vez y volvió a la espesura.

El otro día.

Otro “otro día”.

En la marisma del oeste. Cuando caía la tarde. Tras el sirimiri. No sé de dónde venía el viento, no sé cuántas cosas atravesaron entonces los cantos de los pájaros.

No puedo decir nada sobre el cangrejo que atravesó el sendero cuando volvíamos a casa ya de noche. No se me ocurre nada acerca de la pareja de cisnes que se acercó a nosotros en la laguna, no sé por qué. Casi salía la luna, pero todavía no.

No sé cómo habla la gente las colinas. Quizá como yo.

Sin decir nada.

Desde el molino de marea miramos sin decir nada el karramarro gordo que no se mueve.

Ella, yo. Nadie hay aquí.

La luna llena, tan redonda, casi. Cómo brilla.




con un paraguas,
los niños casi alcanzan
la mora negra









21 octubre 2020

Buscando senderos


 



Buscando senderos al caer la tarde. A un lado su reflejo en el agua dejada por la marea. Al otro la montaña atravesada por el canto de los grillos y las criaturas invisibles de la noche.
 La luna creciente, un cometa por aparecer.

Colores que se escapan a toda mirada que no sea sincera.



29 junio 2020

Senderos



"El libro ha sido publicado por la editorial Doente y en su portada, que podéis apreciar en las fotos, hay elementos de la estética japonesa combinados con un edificio muy albaceteño. El título lo recibe del haibun ganador en la primera edición del concurso, escrito por Félix Arce, Momiji, a quien tanto agradecemos su visita a Albacete para recoger el premio. Hemos considerado que este título es idóneo para un libro que recoge tantas historias cotidianas de cuchillos, tijeras y navajas, de recuerdos emocionantes, de momentos de la vida en una ciudad como Albacete, que siempre ha sido un lugar de paso donde tantos senderos se entrecruzan."

Qué ilusión recibir este regalazo en mi buzón. Gracias, muchísimas gracias por vuestro trabajo y entusiasmo. Por ser como sois.