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さて、どちらへ行かう風がふく

bien... ¿a dónde ir...?
...el viento
sopla...


06 octubre 2022

Peces de plata


Nada perturba la oscuridad del agua. Un último grillo cantaba, ahora no. Aunque no veo si con la marea la corriente de la ría sube o baja sigo la presencia del agua. 

Esta margen siempre fue más tranquila. Creo que a esta altura, en la otra orilla, estaban los altos hornos. Allí, en aquella oscuridad.

 

Con el mejor acero de los altos hornos. Los cuchillos que hizo el abuelo cuando trabajaba allí. Decían en la familia. Seis o siete, quizá más. Como peces de plata extendidos sobre la mesa, ordenados por tamaño. El mango y la hoja del mismo material. Como hechos con un molde tosco de diferentes tamaños. Con restos sobrantes de fundición. Seguro que tiene un nombre.



Parecía no haber nadie... Pero como luciérnagas, dos verdes fluorescentes en la oscuridad, puntales de cañas de pescar. Acentos que no conozco, el sonido metálico de una lata dejada sobre la piedra. El punto rojo de un cigarrillo.

De pronto el olor acre de la ría, nada más.



Con botas de agua, los niños juegan al fútbol junto a la ría. Cuando pasa un barco se detienen a mirar.

Barcos con nombres que no recuerdo.

Los cuchillos del abuelo Luis se fueron desperdigando mudanza tras mudanza. Siete, seis, quizá menos. El tiempo oscureció las hojas pero pulió los mangos. Curiosa aquella escala, del más grande, casi un machete, al más pequeño, casi un juguete. Pececito...

¿Era aquí? Esta agua, aquella, los fuegos de los altos hornos desde chimeneas invisibles. Cuando la vieja carretera era la carretera. Mientras volvíamos a casa, mirando desde el coche la vibrante luminosidad que atravesaba la ría de orilla a orilla. Extendidos sobre la oscuridad del agua, como peces de “fuegoplata”... Quizá no todo tiene nombre.



de pronto un grillo
otra vez
ahora nada









28 diciembre 2021

semi no koe

Un día de regalos. Eso es lo que ha sido hoy. Cruzando de noche el corazón de amigos a los que sin conocer conozco de toda la vida. Del camino del haiku, de sus dones.

Un puñado de palabras, unas fotos hechas sin más arte que el testimonio de mi presencia en aquel lugar  y oh… magia.  Otras voces, otros acentos, el arte de personas que crean algo nuevo, más hermoso, mejor.

Personas generosas a las que agradezco de corazón este regalo. Este abrazo.













22 diciembre 2021

Kusamakura International Haiku Competition. Premio

 



Hoy ha sido día regalos. Cruzando el Pacífico, así me lo magino J , ha llegado un hermoso abrazo en forma de diploma.

Si un abrazo, así o de cualquiera de sus mil formas, siempre es un regalo, compartirlo con amigos es un premio de los buenos premios.



Tengo la inmensa suerte de conocer a la ganadora del primer premio, mi querida casi hermana  Mercedes Pérez “Kotori”:

 

por el canalón

los pasitos de un pájaro…

sol de estío

 

 

Y también a dos de los ganadores del tercer premio. Mi amigo e infatigable inventor de proyectos editoriales José Luis Andrés Cebrián:

 

Cumbres nevadas

en el retrovisor.

Vuelvo a casa

 

 

Y al compañero de camino en el haiku y espero amigo por descubrir J Jorge Ortiz:

 

Filas de hojas

rutas serpenteantes

van las hormigas

 

 

Pienso en el Pacífico y no puedo evitar recordar otro azul inmenso. El haiku con el que mi amigo y maestro en el haiku auténtico, directo como una flecha, ganó el tercer premio el año pasado. Manuel Díez Orzas, para mí siempre Ryoma J

 

un cielo azul...

las golondrinas rehúyen

de la cometa

 

 

Y antes que él otros amigos que también transitaron los mismos abrazos en el mismo camino. Lázaro Orihuela, amigo generoso, cálido como su tierra cubana, con un primer premio hace dos años:

 

Liba el colibrí.

El olor de la lluvia

acrecentándose

 

 

Y de nuevo José Luis Andrés Cerbrián. Que aparte de amigo fiel y creador incansable de proyectos editoriales veo que también es incansable en lo de ganar premios. De nuevo  un tercer premio, esta vez hace dos años.  Qué grande.

 

Almendro en flor

entre las viejas tumbas.

Olor a miel.

  


Qué suerte tengo. La verdad. Pienso un abrazo de tamaño Pacífico. Tan azul, tan cristalino, como el cielo que refleja.

Gracias




 

17 diciembre 2021

el sapo de Kôfukuji


A veces, cuando nada se oye, salvo el silencio, pienso en Kôfukuji. En la madera del templo, llena de años, aguardando las estaciones. En la presencia tranquila de las tumbas ascendiendo el verdor de la montaña.

A veces, cuando nada de oye, salvo la lluvia, pienso en el sapo que habitaba allí. En el jardín del templo. En su rincón.

Ese sapo fue durante el tiempo que viví allí un amigo. Un buen amigo. Salir a comprobar si estaba allí, en su sitio, tras cada llovizna, se convirtió en un ritual tan necesario como íntimo para mí.

Él en su sitio, mojado por la lluvia, brillante, me brindaba a mí descubrir mi propio sitio.
 

Supongo que hay un lugar en alguna parte, en algún momento, que transparenta todos los lugares, todos los momentos.

Aquellos breves encuentros, tras la lluvia, a la luz pequeña de un farol lejano, eran tan brillantes, tan hermosamente silenciosos, como la presencia de aquel precioso amigo.
 

A veces, cuando nada se oye… cuando nada se oye, pienso en aquel que vivía allí. En las estaciones que lo habitan. En su escondrijo. Aguardando nada, todo.



llovizna nocturna
el sapo se aparta
del haz de luz

 






19 noviembre 2021

delante del agua


水を前に墓一つ

mizu o mae ni haka hitotsu


delante del agua
una tumba


“Madre mía, cómo explico yo…”
Una mano en la frente, el suspiro de Vicente Haya.


La otra noche recordé el agua, las tumbas, el viaje… De repente, viendo en internet una conferencia de Vicente en la que hablaba de Santôka.


El Kumano Kodô, el camino de peregrinación por las montañas de la península de Kii, en Honshû. Un descanso al borde del camino, junto a los arrozales, comiendo algo ligero apoyado en la mochila.

Entre los brotes de arroz, quietos, renacuajos oscuros.


“Silencio habitado” dice Vicente. Balbucea buscando palabras. “La presencia de lo sagrado que enmudece al hombre. “


Qué calor. Por un momento sopeso remojarme la cara con el agua del arrozal. No sé por qué, de pronto me doy cuenta de las tumbas al otro lado del agua.

Unas flores, iris quizá, el brillo del agua que verdea en líneas regulares por las plántulas de arroz… y las tumbas.
 
Antes de volver a ponerme el kasa hago una foto.

La mochila. El camino.

El zigzag de una culebra entre los brotes de arroz. Solo la cabeza fuera del agua.



Santôka. Busqué en internet ese haiku. Como un impulso. Como la propia necesidad de caminar.


Encontré el lugar. En la orilla del embalse de Kawachi, no lejos de la ciudad de Kitakyûshû. Junto a un pequeño templo dedicado a Kannon-do, al borde de la carretera sesentaidós de la prefectura, está la roca con la inscripción del haiku.

Un poco desangelado…

En aquel lugar, hace noventa años, Santôka sentía el peso del equipaje. Y los apegos. En vez de disminuir, uno y otros no hacen sino aumentar. En vez de tirar no hago más que recoger.

Un poco más adelante, siguiendo la orilla del embalse, del agua, hay un cementerio de mascotas. Qué cosas… El mundo a vista de pájaro, o google maps, siempre es sorprendente.

Santôka se encontró allí, en Yawata, con unos conocidos y habla de aves acuáticas batiendo sus alas y de las hojas rojas. Del agua a la sombra de su sombra. De un apretón de manos en el viento frío y del fin de un rostro solitario. Y de una tumba frente al agua.



Anoche recordé otra tumba y otra agua.

Kumano Kodô. Llovizna. Una estrecha senda embarrada, zigzagueando entre el bosque de cedros y arces montaña abajo. Allí, en una de las curvas de la pendiente, apenas un hueco entre la senda y la ladera empinada, una desgastada piedra de poco más de un palmo de alto. Kanjis ilegibles, musgo. Silencio.


Madre mía… cómo explico yo…


El silencio. Su presencia delante del agua.

La palabra. ¿De verdad hay una palabra para todo esto?



A veces lo he pensado, a veces lo he intentado, levantarme por la mañana y pisar el sonido del agua. Pisar el sonido del agua y darme cuenta de ello.

Y caminar.

En silencio.

Ir a donde quiera ir.



Sobre la tumba antigua, sobre el viajero, la lluvia de la montaña.






Autor: 風弘法
Autor fotografía: 風弘法


Autor fotografía: 風弘法

Autor fotografía: 風弘法















20 octubre 2021

la primera lluvia

 

Al atardecer la lluvia. La primera lluvia. Al volver de la lavandería su olor ha entrado en casa. Un vecino enciende la luz del acuario.

Qué silencio…

Por qué escribiré esas cosas.  

Una libreta, un garabato, mirando la lluvia ligera que cae sobre el jardín. ¿Qué nombre tendrá esta lluvia? Recuerdo los nombres de la lluvia que en Nagasaki aprendí de Yoko.

Pero esta no estaba.

 

La luna apuntaba casi llena, el otro día, sobre el canal que va a la bahía. Las casas flotantes, algunos kayak apenas rompiendo el agua.

Mirando el agua hablamos de otra agua.

Cuando éramos niños. Cuando el mundo era sin “nosotros”.

A la ida, a la vuelta, el martinete sigue en la misma  postura, acechante.

 

 

“Shigure”. La lluvia ligera a la que tanto alude Santôka en sus poemas. Esa que cae como sin querer justo al final del otoño o principios del invierno.  

Pero es diferente. Otoño, invierno…  Hasta hoy no había visto llover aquí.

 

Es curioso, no recuerdo la lluvia en los veranos de mi infancia. Es un día solo, larguísimo, en el que brilla el sol siempre. Desde que despierto hasta que cae la noche.

Qué breve.

 

音は 時雨 か

oto wa shigure ka

ese sonido…  ¿llovizna?

 

Shigure-kan, el pequeño museo dedicado a Santôka en Yunohira. Llovía aquella tarde. Anduve calle arriba calle abajo mirando las montañas envueltas en nubes.

 

Por qué recuerdo todas estas cosas. Por qué todo lo veo a través de mi vida entera. Estratos echados sobre una playa solitaria mojada por la lluvia.

¿Será porque tras la lluvia cada cosa tiene su silencio?

¿Será porque el haiku es el brillo de esa intuición?

 

Mirando el río mi hermano recordaba las mismas cosas que yo. Eso me reconfortó.

 

El agua.

La lluvia.

El silencio en la palabra.

 

Quizá el haiku es la poesía de la humildad, y por eso, cuando es haiku de verdad, transparenta tan claramente el mundo que nos rodea, porque al fin y al cabo la humildad no es otra cosa que la realidad.

 La verdad de las cosas y de nosotros mismos, nuestro lugar en el mundo.

 

En unos días mis amigos hablarán de haiku. Me gustaría estar allí, con ellos. Son uno de los estratos favoritos de mi vida. Uno de los más transparentes.

Qué nervios, el deslumbramiento de una primera cita.

Así siempre cuando estoy con ellos.

Estar atento a la importancia de las cosas, como cuando caminas despacio. Como si estuviésemos hechos del propio sonido de una llovizna que comienza.

La poesía de la humildad, la poesía de la sinceridad, nos hizo lo que somos. Este “nosotros”.

¿Será nuestra fragilidad la que nos hace lo que somos?

 

 

Garabatos, una libreta. La primera lluvia. De hoja en hoja las gotas de lluvia atravesadas por la luz de los faroles.

Este silencio… ¿siempre ha estado aquí?

 ¿Cuál es su nombre?

En el río y el canal, la nube en la montaña, más allá de una playa con nosotros.

 

Sus calcetines me han parecido siempre tan pequeños... Siento que huele a lluvia la ropa que doblo con cuidado. Despacio. Como un niño que está jugando.

 

En esta agua está el reflejo de todos los nosotros.

Este es el momento con todos los momentos.

Este es el lugar en el que he estado siempre.


Esta lluvia… siempre es la primera lluvia.








15 octubre 2021

las palabras que ahora formaban parte de mí

 




Recuerdo asistir a la conmovedora interpretación de Patty Smith en la entrega de los Nobel del dos mil dieciséis. Y conmoverme.

Y después oír su explicación sobre aquella interpretación.

Y volver a conmoverme.



"No había olvidado las palabras que ahora formaban parte de mí. Sencillamente no era capaz de sacarlas fuera.

No tuve más remedio que detenerme y pedir perdón, a volver a intentarlo estando aún en ese estado y cantar con todo mi ser, pero aún trabándome.

No se me escapó que la historia de la canción empieza con las palabras –Tropecé junto a doce montañas nubladas- y termina con las líneas –Y conoceré bien mi canción antes de empezar a cantar-

Al tomar asiento sentí el humillante aguijonazo del fracaso, pero también la extraña certeza de que, de alguna manera, había entrado y verdaderamente vivido el mundo de la canción."



La humildad de aquella señora de pelo gris disculpándose delante de toda aquella gente tan elegante, en Estocolmo, mientras su espíritu, de alguna manera, caminaba sobre las laderas de montañas nubladas y tristes bosques.

Me hizo extraviar todas las palabras. De alguna manera entrar y vivir de verdad en algo... no sé...



Parte de mí. Con todo mi ser.

Una mujer joven, pelo gris, voz temblorosa, cuyo cuerpo ardía.

Un niño de ojos de ojos azules mojado por la fuerte lluvia…

¿Dónde estuviste? ¿Qué es lo que viste? ¿Con quién?

Emocionarse con la emoción de los otros.

Entrar en su mundo.





- Y lo contaré, lo hablaré, lo pensaré, lo respiraré

y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo.

Y me pararé sobre el océano hasta que empiece a hundirme,

pero me sabré mi canción antes de empezar a cantar.-




02 septiembre 2021

Letras Divinas. Revista literaria

 




Editorial

Por Elías D. Dana


Ya ve la luz el primer número de este proyecto como una sencilla contribución y, a su vez, invitación, para que los hispanohablantes interesados expongan sus composiciones líricas en los estilos que deseen. Cierto que existen otras revistas: si esta aporta algo complementario ya se verá en el futuro. La continuidad de este medio dependerá de si hay suficientes interesados en publicar su obra. Por eso, vayamos con ilusión, pero con la pretensión bien recogida.


 En esta primera entrega se presentan textos de formas diversas, bellos edificios construidos por Rafael Humberto Lizarazo, Félix Arce, Karin Rosenkranz, Jesús Cotta y Juan del Encina (s. XV-XVI). Se trata de textos y autores muy distintos en su estilo de escritura, que, sin embargo, tienen claramente en común el canto a la vida y un sentido de la trascendencia, de asombro y de agradecimiento.







Los autores interesados en ver su obra publicada en la revista pueden contactarse con Elías D. Dana en el siguiente formulario: edicionesdehesa.wordpress.com/contacto








Mi más sincero agradecimiento a Elías D. Dana por todo el trabajo invertido en este proyecto, por su entusiasmo y su buen hacer.
Y por su generosidad al acordarse de mí a la hora de emprender este camino.