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さて、どちらへ行かう風がふく
bien... ¿a dónde ir...?
...el viento sopla...
さて、どちらへ行かう風がふく
bien... ¿a dónde ir...?
...el viento sopla...
16 enero 2014
Un viejo estanque: antología de haiku contemporáneo en español
ÍNDICE DE AUTORES
SERGIO ABADÍA
JESÚS AGUADO
ÁNGEL AGUILAR
ISABEL ALAMAR
FÉLIX ALCÁNTARA
PILAR ALCÓN
CARLOS ALCORTA
JOSÉ LUIS ANDRÉS CEBRIÁN
ANA ANYON
VERÓNICA ARANDA
FÉLIX ARCE
FRANCISCO BASALLOTE
ALFREDO BENJAMÍN
JOSÉ MARÍA BERMEJO
JUAN ANTONIO BERNIER
CÉSAR BIANCHI
CARLOS BLANC
ANTONIO CABRERA
LARA CANTIZANI
VALENTÍN CARCELÉN
LUIS CARRIL
JOSÉ CEREIJO
JORDI CLIMENT BOTELLA
MARÍA DOLORES E. CORDERO
MANUEL CÓRDOBA
LUIS CORRALES
RAFAEL CORRECHER
JOSÉ CORREDOR-MATHEOS
GREGORIO DÁVILA
MANUEL DÍEZ ORZAS
KONSTANTIN (CONSTANTINO) DIMITROV
JUAN CARLOS DURILÉN
LUIS ELÍA IRANZU (LUELIR)
ISABEL ESCUDERO
PEDRO FANEGA
JOSÉ ANTONIO FERNÁNDEZ
RICARDO FERNÁNDEZ MOYANO
ÁNGEL FERRER
ALBERTO FLECHA
RAFAEL FOMBELLIDA
MARÍA DOLORES GARCÍA
RAFAEL GARCÍA BIDÓ
ENRIQUE GARCÍA-MÁIQUEZ
JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN
PEDRO GARCIARIAS
MIGUEL GARZA
EMILIO GAVILANES
JORGE ALBERTO GIALLORENZI
MIRTA GILI
ADRIÁN A. GÓMEZ
MARÍA ÁNGELES GÓMEZ-MORÁN
CORIOLANO GONZÁLEZ
LLANOS GUILLÉN
JULIA GUZMÁN
MANUEL HONTORIA
MIGUEL IBÁÑEZ
GIOVANNI C. JARA
FRANCISO JIMÉNEZ CARRETERO
RODOLFO LANGER
SANTIAGO LARRETA
DAVID LESLIE URION
ENRIQUE LINARES
VIRGINIA LLORENS
MARÍA ÁNGELES LLUCH
ISRAEL LÓPEZ BALAN
ANA MARÍA LÓPEZ NAVAJAS
FERNANDO LÓPEZ RODRÍGUEZ
MARTÍN LÓPEZ-VEGA
JAVIER LORENZO CANDEL
AURORA LUQUE
ANTONIO MAJANO
JUAN MARQUÉS
PATRICIA MARRADES
ANTONIO MARTÍNEZ
ANTONIA MARTÍNEZ GARCÍA
WILAY MÉNDEZ PÁEZ
MIKEL MERLO ARANA
JOSÉ ANTONIO MESA TORÉ
MARCOS ANDRÉS MINGUEL
EDUARDO MOGA
LEÓN MOLINA
JUAN CARLOS MORENO
JORGE MORENO BULBARELA
MANUEL MORENO TRABAJO
JESÚS MUNÁRRIZ
BLAS MUÑOZ
TERESA NAVARRO
ANDRÉS NEUMAN
MAR ORDÓÑEZ
MIGUEL D'ORS
ROLANDO L. PACIENTE
PEDRO PAGÉS GARCÍA (YAMA)
JOSÉ LUIS PARRA
ELSA PASCUAL
JUAN FRANCISCO PÉREZ
MERCEDES PÉREZ
SANDRA PÉREZ
MARÍA CARMEN PÉREZ INIESTA
MARÍA JESÚS PÉREZ NÚÑEZ
LUIS PIMENTEL
FRANCISCO PINAR MONREAL
SERGIO PINTEÑO
MARÍA VICTORIA PORRAS
ISABEL POSE
BENJAMÍN PRADO
ISABEL RODRÍGUEZ
JOSEP M. RODRÍGUEZ
RUTH RODRÍGUEZ
FERNANDO RODRÍGUEZ-IZQUIERDO
JORGE BRAULIO RODRÍGUEZ QUINTANA
JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ QUINTANA
LOLA ROMERO LOMBARDO
ELÍAS ROVIRA
JOSÉ RUBIO
MARIO RUIZ
ALONSO SALAS
ANTONIO SÁNCHEZ NÚÑEZ
TOÑI SÁNCHEZ VERDEJO
JAVIER SANCHO CHICOTE
AMPARO SANTANA
UMBERTO SENEGAL
MARÍA ARGENTINA SERRANO
JENARO TALENS
ARTURO TENDERO
ANDRÉS TRAPIELLO
CECILIA DEL VALLE TAPIA
BAUDILIO VAQUERO
BIBI VARELA GIBB
RONY JOSÉ VARGAS CASTILLO
SINECIO VERDECIA DÍAZ
JOSÉ LUIS VICENT
MILA VILLANUEVA
LUIS ANTONIO DE VILLENA
RICARDO VIRTANEN
MERCEDES ZAYAS
https://www.comares.com/libro/un-viejo-estanque_75217/
https://www.casadellibro.com/libro-un-viejo-estanque-antologia-de-haiku-contemporaneo-en-espanol/9788490451106/2253103
01 enero 2014
俳句 hatsumôde
Hatsumôde es la primera visita al santuario shintoista, en la mañana del primer día del año. Por lo general después se hace la visita al templo budista.
El primer sol del año, en el primer amanecer, para una cultura que tradicionalmente ha venerado ese astro, es tan importante que no pocos japoneses consideran ese primer amanecer del año como el acto más importante de todas las festividades de Año Nuevo.
En el santuario es tradicional purificarse las manos con un poco del agua de la fuente que hay en la entrada de todo santuario shintoista. Con un cacito de latón se coge agua, se lavan las manos y se bebe un poco también para purificar la boca. Quizá las palabras que siempre son ellas muy dadas a la falta de pureza...
Se llama a los kami lanzando una moneda frente al santuario, moviendo la soga enorme para hacer sonar los cascabeles gigantes que penden del alero y dando dos palmadas... y ahora, con la atención del kami sobre nosotros, oramos, pedimos o simplemente guardamos silencio... ese silencio.
También se dejan los antiguos amuletos "omamori" y se compran unos nuevos para el año. Los hay para todo: conducir, los estudios, dar a luz...
La luz, el agua, el aire mismo... lo sagrado se manifiesta tan naturalmente como el crecimiento de la hierba. En esta tierra del sol naciente, en esta tierra donde, si guardas silencio, los kami te hablan...
mañana de Año Nuevo,
brilla un guijarro
en lo alto del torii
元旦や鳥居の上に光る石
brilla un guijarro
en lo alto del torii
元旦や鳥居の上に光る石
gantan ya torii no ue ni hikaru ishi
27 diciembre 2013
19 diciembre 2013
俳句 mochi
a
pesar de la lluvia
el ritmo
del mazo
haciendo
mochi
Hoy
justo hace tres años tomé esta foto. Qué cosas. Por casualidad he visto la
fecha del archivo que lo chiva todo. Qué rápido el tiempo y más rápida aún mi
mente. En un flash-back instantáneo he vuelto a Nagasaki, al barrio chino, junto
a esos tipos que sonreían satisfechos mientras hacía esa foto. ¿Dónde andarán? Siempre
que miro fotos más o menos viejas en las que salen desconocidos me pregunto lo
mismo.
El
haiku no es muy allá, lo reconozco. La foto tampoco. En realidad, uno y otra,
son un alfiler. A veces tengo la tentación un poco tonta de pretender fijar
algo en mi mente, esa que va y viene a la velocidad de la luz, y del tiempo. Como
esos alfileres de colores que se clavan en los mapas para localizar lugares
visitados.
En
este caso el mapa sería mi vida. Esa cosa misteriosa. Y el alfiler de color
blanco como el mochi sería esa tarde al borde la Navidad en aquel callejón.
Hoy, aquí, tan lejos, también con lluvia, miro ese alfiler y no puedo dejar de
preguntarme ¿dónde andará? Aquel. Un niño cualquiera que buscaba
alfileres, como por casualidad, aquel ya casi tan desconocido para mí como esos tipos sonrientes que vapulean
arroz.
Hoy
justo hace tres años. Qué cosas. Qué cosas misteriosas. A pesar de la lluvia…
Nagasaki, 19-12-2010
*Los
mochi son unas bolitas de arroz dulzón y pegajoso muy típicas de la repostería
japonesa. Forman parte muy importante tanto de la decoración como de la gastronomía
tradicionales de Año Nuevo. Para hacerlos se golpea el arroz glutinoso con
un mazo de madera en un mortero muy grande mientras se va remojando con agua. A veces, alrededor de las fechas navideñas, en algunas tiendas y grandes almacenes se hace en el
exterior para regocijo de los viandantes.
Decía
lo de la decoración porque el mochi es fundamental en la composición del
kagami-mochi, literalmente “mochi del espejo”, que se forma con dos mochi, uno pequeño
sobre otro mayor, un daidai (una especie de naranja agria japonesa) con su
hojita verde, todo ello sobre un soporte. Bueno, de eso y de la rotura del “mochi
del espejo” ya hablaré otro día. Kana...
17 diciembre 2013
Luces de adviento
En el huerto una cebolla desenterrada. El sol de la mañana.
Me vienen grandes estas botas de agua y camino como un pato hacia el huerto. La escharcha cubre el suelo de un brillo sobrecogedor. El primer azadonazo casi rebota sobre la tierra helada. Soy un debilucho abrigado hasta las cejas que desentierra grama del huerto en una mañana de invierno. No es la primera vez que estoy aquí, en este mismo lugar, haciendo esto mismo. Es tiempo de samu. Silencio, concentración...
Cachiuscas, cachiuscas, así llamaba yo de pequeño a las botas de agua. Recuerdo saltar sobre los charcos, riendo. Aun sin reír, riendo. Siento los guantes fríos en mis manos mientras arranco la grama de la tierra helada. Cruje un instante. Un eco sordo que parece venir desde el centro de la tierra. Y me siento solo, sin saber por qué. Qué frío. Qué frío… No tengas miedo, no tengas miedo… Cachiuscas, cachiuscas, repito en silencio dentro de mí…
En el zazen de la tarde el sol va entrando en el zendo poco a poco. Me siento reloj de arena marcando un tiempo que no es mío. Un tiempo que transcurre más allá de este momento. Abren la puerta y la sombra de uno de mis compañeros se alarga de pronto con el sol del atardecer. El sol, el sol. Mirar hacia el sol con los ojos cerrados. El calor de su luz.
En el aire limpio y sereno de la noche ni una mota de polvo encuentra sobre qué reposar. Sobre lo que soy. Me arrebullo en el futón. Alguien ronca un poco más allá. Siento en el aire cómo la temperatura se desploma ahí afuera. Me arrebullo aún más. Yazgo en el desierto, el lugar en el que no hay dónde esconderse.
Por la mañana, nada más salir el sol, la escarcha ha cubierto los surcos que cavamos ayer.
Los terrones parecen pegados a la propia tierra de la que formaron parte. Una y otra vez las raíces de grama me llevan hasta el centro de la tierra. De vez en cuando lombrices enormes aparecen y desaparecen entre la tierra. La tierra... Me siento tierra, barro, por momentos aquí clavado hasta los tobillos. Me huelo a tierra cuando sin darme cuenta aparto con la muñeca el pelo de mi frente. Mis guantes son ya tierra, helada tierra.
Edificar sobre arena o sobre roca. No basta hablar o decir, eso es nada.
Durante el zazen de la tarde camino en kinin atravesando los rayos de sol que se extienden por el zendo. Anochece y sin saber por qué lloro frente a las luces de adviento.
Al final del día no hay planes, no hay frustración, no hay pasado ni futuro. Solo tengo este momento. Me duele todo. Al final del día solo estoy yo sentado frente a la nada. Mi cuerpo quiere levantarse y huir. Mi mente con él. Pero aquí no hay dónde huir. Estoy sentado en mitad del desierto. Poco a poco el dolor se pasa con la respiración profunda. Muy poco a poco.
Solo beber agua. Sin pensar en saciar la sed. Sin pensar en nada. Solo sentarse y esperar la Navidad. Contemplo el tronco de adviento. Las luces que se encienden, que advierten de la gran Luz que llega. Que siempre estuvo aquí.
Se hace material y visible lo que jamás podríamos comprender.
En el aire frío y puro de la noche siento cómo las lombrices buscan su camino bajo la tierra, enredándose entre las raíces de grama. Alargo un pie bajo el futón hasta sentir el frescor de una tierra que no existe. Respiro tan profundamente que podría oler flores de invierno.
Llovizna. En el bancal un pajarillo que no conozco a la luz de la mañana.
Algunas hojas de chopo se han pegado a mis botas cuando bajo al huerto. En colores que van del amarillo al casi negro parecen un improvisado estampado de quita y pon. Ellas se ponen y ellas se quitan. Hoy las enormes lombrices son enormes lombrices gigantes. Las aparto para no dañarlas con la azada. Cuando vuelvo a mirar ya han desaparecido. La llovizna cesa y siento el sol mañanero sobre mi espalda mientras cavo. El aviso del final de samu llama desde llo alto de la ladera. Los chopos brillan al sol. Mi vida se desliza aquí, al final de la lluvia, con todo esto, como hojas de chopo de diferentes colores.
Durante el teishô escucho sobre el abismamiento y el abismarse. Como en el propio kanji para “jô” he de bajar a casa, hacer pie. ¿Dónde está mi casa? ¿Dónde hallaré yo, debilucho, mi hogar en el que hacer pie? La roca sobre la que edificar mi casa. Siento estar sentado ahora mismo sobre ella y sin embargo ser incapaz de verla.
“El arroz está en la olla, el agua caliente está en el cubo.” Pienso en el kôan del maestro Ummon.
De pronto una palmada de sensei y doy un salto sobre el tatami. Aún sentado siento cómo mi corazón ha saltado hasta el cielo y palpita desbocado tras esa palmada que resuena por toda la tierra. Todo el barro que me constituye se ha conmovido deshaciéndose y volviéndose a hacer en una milésima de segundo.
Tras el zazen de la tarde salgo a tomar el té afuera. Por un momento no sé si será mi cucharilla contra mi vaso o son las de los demás... pero en este tintineo se confunde la brisa de la tarde que mueve las hojas. Miro a mis pies, los guijarros parecen mojados, no, no sé… iguales… todos distintos. Allí, justo al final del porche, había una retama, lo recuerdo bien. A veces sus bayas caídas se confundían con los guijarros del suelo. Entonces era verano. A veces, en mi corazón, confundo el verano con el invierno.
Al volver al zendo abro mi taquilla y hay una nota pegada en el fondo: “Toda determinación, ninguna intención.” ¿Quién escribiría esto? ¿Sensei? A veces tiene estas cosas…
Durante el dokusan hablamos de las nubes y la lluvia. Del frío. Del dolor y del miedo… Tan fino como un papel de fumar es mi despertar con un solo ojo…
Tras la llovizna, el sol de la tarde recorre el zendo vacío.
Noche de frío invernal. Primera semana de diciembre. Sentado en seiza contemplo las luces del adviento… ¿Quién despertó en tal noche como esta?
Todo lo que he sido, todo, me ha llevado aquí y ahora. También el dolor y la frustración, mi luz y mi sombra. Soy toda la tierra arrastrada por la lombriz, ahí fuera, en la oscuridad de la noche bajo la tierra. Y la profunda respiración.
Si de verdad estoy aquí estoy en todas partes, si estoy en este momento, estoy antes, ahora y siempre.
Tras el último zazen del día la última exhortación de cada noche antes de retirarnos a dormir resuena en mí como el martillo de madera sobre el han:
Desde lo más profundo del corazón os digo a todos:
Vida y muerte son un asunto serio.
Todo pasa deprisa.
Estad siempre muy vigilantes.
Nadie sea descuidado,
nadie olvidadizo.
Sumergido en el futón no consigo dormir. Mi padre me decía que tenía sueño de liebre, ligero, que dormía con un solo ojo cerrado. Mi padre a veces tenía esas cosas…
Pienso en la lluvia y en las nubes… en el frío. En el dolor y el miedo. Pienso en el abrazo de una madre. Podrá persistir el dolor pero ya no es lo mismo. Ya no quema.
Nunca olvidadizo…
Nunca olvidadizos de lo que somos. Ahí afuera, en la oscuridad de la noche, el viento atraviesa la tierra sin intención alguna y siento mi corazón, inmaculado, envuelto en algo tan fino, tan tibio, como la luz de la mañana.
Al final del regato, congelada, la lluvia de anoche refleja el sol de la mañana.
Con el primer azadonazo la tierra escarchada brilla un instante en el aire antes de volver sobre la tierra. Solo estar aquí. Solo cavar esta tierra que se me pega a la azada y a las botas. Grama y más grama. El solecito de diciembre empieza a calentar y me voy quitando el gorro, el abrigo… El ejercicio también ayuda, claro... Algunas lombrices, cómo no, se materializan de pronto para volver a ser tierra momentos después. Qué suavidad húmeda la suya, como la de la propia tierra. No sé por qué miro mis manos sin guantes, tan blancas, tan frías, con el tacto aún de ese retazo de tierra…
Qué misterio nos envuelve… Si pudiera por un momento atravesar ese finísimo papel de fumar que me separa de todo esto… Si pudiera tocar ahora mismo, con esta mano manchada por la tierra, mi inmaculado corazón…
De nuevo la llamada de las maderas entrechocándose avisa del final del samu.
Me lavo el barro de los dedos en el agua helada del estanque. El cielo es tan azul… Tan azul…
El sol, el viento… Cierro los ojos y respiro tan profundamente que por un momento casi pierdo el equilibrio. Me desparramo por todos mis sentidos…
Estas botas de agua me vienen grandes. Camino como un pato mientras asciendo la ladera. Soy un debilucho desnudo de pellejo para adentro que camina despacio y espera. Que solo espera...
De nuevo la llamada de las maderas entrechocándose avisa del final del samu.
Me lavo el barro de los dedos en el agua helada del estanque. El cielo es tan azul… Tan azul…
El sol, el viento… Cierro los ojos y respiro tan profundamente que por un momento casi pierdo el equilibrio. Me desparramo por todos mis sentidos…
Estas botas de agua me vienen grandes. Camino como un pato mientras asciendo la ladera. Soy un debilucho desnudo de pellejo para adentro que camina despacio y espera. Que solo espera...
14 noviembre 2013
俳句 despistado...
qué despistado...
papá se deja sin cortar
la seta más grande
Qué despistado... por un momento creí que era entonces. Lo creí de veras. Por un momento en que no sé qué pensaba, tal vez en nada, creí que caminaba sobre la suave hierba.
Vocación de despistado es mi vocación verdadera. Extraviarme, aunque sea solo por un momento, en el eco lejano de tu voz y de tu risa. Dejarme llevar por la suavidad silvestre de aquellos días en que el mundo entero nos aguardaba con calma ofreciendo solo sol, viento, nubes... y la seta más grande y hermosa. Cada día.
Qué despistado. Dejé sin cortar el hilo rojo más brillante, el que me unía a entonces. Un tirón, solo un tirón del hilo, y volveré a tu presencia.
Otanjôbiomedetô otôsan
12 noviembre 2013
俳句 omikuji
lluvia de invierno...
sin atar del todo
uno de los omikuji
Kôfuku-ji, Nagasaki, 26-12-2010
*Omikuji son las tiras de papel que contienen escrita de manera aleatoria la fortuna y que se distribuyen en los santuarios sintoístas y templos budistas en Japón. Cuando la predicción es de mala suerte, es costumbre doblar el papel y atarlo en un árbol ubicado en el templo. La naturaleza todo lo acoge y en ella todo aguarda su renovación.
06 noviembre 2013
Presentación de "Puente de piedra"
¡Por fin, lo hemos conseguido! Ya se ha publicado el libro "PUENTE DE PIEDRA. Haiku en Ehime (Japón) y Aragón (España)".
Publicar este libro bilingüe, español-japonés, ha supuesto un verdadero reto, especialmente en cuanto a la traducción de los haikus, nada menos que 245. En él participan 13 autores japoneses, con una dilatada trayectoria en el haiku, y nueve aragoneses. Como curiosidad decirte que la edad media de los autores japoneses es de 76 años; seis de ellos tienen más de 80 años; ocho son mujeres y cinco hombres.
Con prólogo de Fernando Rodríguez-Izquierdo.
PUENTE DE PIEDRA se va a presentar y distribuir simultáneamente en España y Japón. El pvp del libro en librerías es de 14 €. Nosotros lo venderemos en persona a 12 €.
Si necesitas que te lo enviemos por correo (a 13 € por los ya ajustadísimos para nosotros gastos de envío ) puedes pedirlo AQUÍ
Para envíos fuera de España se tendrán que añadir a los 12 € los gastos de envío correspondientes según el país de destino. Puedes consultarlo AQUÍ
También decirte que PUENTE DE PIEDRA es un libro solidario, ya que desde que surgió la idea, pocos meses después del terremoto y posterior tsunami en Japón, decidimos que los posibles beneficios del mismo fueran destinados a las víctimas de esta catástrofe.
Gracias
04 noviembre 2013
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