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No sé
por qué me empeño en fotografiar lo que no se puede fotografiar. No es un
arcano. Hablo de trinos. Hablar de trinos… qué cosa, como hablar de la mar. En
cada foto que eché con el móvil esa tarde había un pájaro cantando, en alguna
parte. Ni el pájaro ni el trino. Nada. Qué mal fotógrafo soy.
Narcisos,
sauces, un puente, y un río.
Oyendo las palabras deberías
entender la fuente. No
sé por qué me viene a la mente ahora este verso del Sandôkai. Debe ser por el
río.
Fotografiar
trinos, o ríos, hablar, es como pintar haibun. Un presente que no pasa,
pasando, como un río. Desde hace días me siento un fugitivo al presente, a la
guarida donde nada me perturba. El miedo nunca es ahora.
En el
ahora del río, de esa tarde, yo estoy sentado sobre la hierba, con las piernas
cruzadas junto a la orilla, mirando al pescador en la corriente. De sauce en
sauce un petirrojo se acerca, se acerca a mí y se aleja. De vez en cuando
trina. En las hierbas altas se oye un merodeo que va y viene, inquieto. De
pronto tres o cuatro topillos cruzan un sendero. Después otro, y luego otros
dos. No sé por qué uno mira hacia donde yo estoy y se para en seco. Parece
compartir mi sorpresa, un respingo en esos ojillos brillantes. Se da la vuelta
en un santiamén y vuelve por donde apareció.
En el
ahora de ahora, de mi buhardilla, oigo en la radio un poema de Tomas
Tranströmer. Lo ponen porque el nobel sueco falleció recientemente.
Cansado de todos los que llegan
con palabras, palabras, pero no lenguaje,
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.
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Las
fotos, las palabras, desenfocadas que pretenden el pájaro o su trino llegan
ahora, este de ahora, ya cansadas a un corazón domesticado. Miro por la
ventana. El sol recién aparecido brilla sobre los tejados cubiertos aún con la
lluvia de las primeras horas. Lo salvaje
no tiene palabras. Cómo quisiera ahora ir en busca del verdadero lenguaje.
El de las plantas y las huellas en la nieve. Ceder a esa llamada de lo salvaje
que reclama una y otra vez lo que es suyo, mi verdadero corazón.
El
amarillo de los narcisos es tan profundo que a la cámara le cuesta enfocar.
Refleja la luz de la tarde con el brillo de lo nuevo. El rumor del río es
inasequible al zoom mientras cruzo el puente. El agua y el hijo del agua. Las
sombras de los sauces se entrecruzan sobre la hierba de la ribera. Un mito, lo
reconozco por sus colores blanquinegros y su cola larga, trina al otro lado del
río. Siento la tentación casi inconsciente de contestar. El río lo hace por mí.
Él siempre contesta. Cuántas veces habré yo preguntado en este lugar, junto a
estas orillas. Él siempre me ha contestado, con su silencio de agua, a lo
importante, solo a lo importante.
Dos
moscas entran por el balcón haciendo espirales y chocan sobre un haz de luz.
Imagino todas las páginas escritas con mis tonterías ensanchándose en todas direcciones…
Preguntas y respuestas y respuestas y preguntas…
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Oyendo
las palabras deberías entender la fuente... Oyendo la fuente… ¿me daría cuenta
de que es la fuente?
Bajo un enorme sauce desgajado los niños han
construido su cabaña. Las
huellas del pescador oscurecen por un instante el camino de vuelta. En alguna
parte un pájaro que no conozco trina al caer la tarde.
Es
hermoso seguir el hilo. Dejarse llevar y contestar silbando, sin darte cuenta,
al trino, al río.
Hermoso, momiji. Muchas gracias.
ResponderEliminarPuedo decir que no estoy "cansado de todos los que llegan con palabras...", como lo sintiera Tranströmer. Acaso porque tú haces de la palabra la expresión conjunta del sonido, la escritura, la imagen. Por eso llega al corazón de las cosas y al nuestro, alcanzando así la razón de ser del lenguaje. Su espíritu.
Un abrazo otoñal, querido compañero.
Muchas gracias Juan Carlos. Muy hermosas, y amables, tus palabras. El espíritu del lenguaje, el corazón de las cosas, llegando a los corazones dispuestos. Solo de corazón a corazón se comprende el mundo.
ResponderEliminarUn abrazo grande
"Lenguaje, pero no palabras".... ¡ Qué bello!.
ResponderEliminarMuchas gracias, Félix, por compartir.
Un abrazo
Cristina
Gracias a ti también Cristina.
ResponderEliminarUn abrazo grande
" Lenguaje, pero no palabras. " Esa es la forma en que se manifiesta la naturaleza, sí señor... aunque a veces necesitemos un traductor
ResponderEliminarTodo es música en este relato. Gracias por pintar ese momento !
Un abrazo
Gracias a ti por apreciarlo :)
ResponderEliminarUn abrazo