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さて、どちらへ行かう風がふく

bien... ¿a dónde ir...?
...el viento
sopla...


23 junio 2015

Relente


Este es un poema que me encanta.
Porque es un poema de poemas, porque surgió con la belleza sencilla y elegante que a la naturaleza le da su espontaneidad, su sinceridad. Como las ramas de un árbol que crece. Libre, sin pretensión alguna. Sin más.
 
El relente, una foto tomada al azar y la luz de los amigos.






zumba un tábano
en la hierba espigada
el olor del relente.

 Kotori


El relente...
Va llegando del campo
olor a estiércol

Gorka


Gira sin ruido
la falleba impregnada
de relente

Mavi


puerta entreabierta.
mientras meriendo
entra el relente

Elías


Atardeciendo,
el relente que cala
hasta los huesos

Marymontaña


Relente en los carrizos
Da el sol en el rabo
de una rata

Merce


Recién afeitado
el relente de la noche
por la ventana.

Barbarroja


En el balcón,
un pajarillo muerto
Cae el relente

JLVicent


cae el relente,
el cielo estrellado
sin luz de luna.

Hadaverde


La luna nueva.
El relente cubriendo
las mandarinas.

Hadaverde


amanece -
la sombra de una mano
sobre el relente

Mirta Lautaro


Se va alejando
el relente en las nubes...
la luna al alba

mai


tras los fuegos,
al relente de la luna
preparan el baile

Orzas


Cae el relente.
En el suelo del patio
la luna llena.

Hadaverde


Al relente,
se escucha un ladrido
allá a lo lejos

Gorka


cruzando el bosque,
el relente de la tarde
en la leña apilada

- estela


cae el relente
algún que otro relámpago
cerca del río.

Maria Dech


plancha fácil
el relente de la noche
sobre las sábanas.

Maria Dech


patio de tierra -
al relente la silla...
sin el abuelo

Mirta Lautaro


Noche sin brisa,
entre el relente el faro
bajo la luna

Ana Lilí Rodríguez Balladares


Canto del mochuelo.
Al relente de la noche
dos carreteros.

Alonso Salas


roca de mar;
en el relente brilla
la luna llena

Xaro La


La palmera quebrada
bajo el relente
el manjar blanco

Mavi/Raijo


Noche de Feria
Mientras cae el relente
bebo un mojito

Toñi


Suave se mece
al relente del alba...
el arrozal

Xaro La


por la cumbrera,
el tornasol del alba...
en el relente

Mirta







18 junio 2015

Monte Aá


Cuando salimos al campo ella lo primero que siempre me dice es "respira respira, ¿no te sientes más libre?". Ella nunca se extravía, sabe de lo bueno instintivamente. Parece construida de musgo y nube como todo esto.

Todo esto es el monte Aá. Curioso nombre sí. Será porque aparece de pronto entre las nubes, será porque tampoco tienes mucho más que decir cuando el verdor de las hayas, los robles, los acebos o la hiedra lo cubre todo. Porque el musgo amortigua toda palabra en su verdor de lluvia.

El camino asciendo cruzando ríos y arroyos, una, dos, tres, quién sabe cuántas veces....jalonado por árboles singulares, algunos con nombre propio, como las milenarias secuoyas de California, El Mellizo, El Belén... Robles centenarios ante los que solo cabe guardar silencio y hacer una reverencia. Algunos, vaciados en parte por el rayo, acogerían nuestros pequeños cuerpos con holgura y olor a lluvia.

Un arrendajo cruza el camino en silencio. Después lo vuelve a cruzar en sentido contrario. Algo dice... Los limacos apuran bocados blandos en las flores y un mirlo alborota en alguna parte, desintegrándose entre la fronda. Oscuros, inquietos, algunos renacuajos cosquillean en los bordes del pilón de una fuente, después en sus manos. El canto de una curruca se deshilacha entre los líquenes que cuelgan de las ramas. Las flores callan, sostienen gotas de lluvia que brillan sin más.

En un recodo del camino comemos el bocata sobre una piedra entre chaparrón y chaparrón. El sirimiri apenas se percibe bajo el dosel vivo de los árboles. Una oruga casi fosforescente se mueve tan lentamente que no se mueve. Su quietud es verde y luminosa. Alimenta.

A veces sol, a veces lluvia. A veces el pájaro y su trino, a veces silencio y nuestros pasos. Los árboles son sustituidos por brezos y el sendero se embarra bajo las grandes rocas de la cresta de la montaña. Abajo, el valle cubierto de bosque absorbe jirones de nube. La ladera contraria luce verde al sol de la tarde. En la altura de un collado un potrillo pace junto a su madre a la luz difusa de un sol que no se ve. De pronto desaparecen junto al prado y la montaña.

La cumbre es niebla. Solo eso. Las nubes llegan del noroeste y cruzan la vertiente atravesándonos. Envueltos en ella reímos y respiramos. Qué hondo el ligero peso de las nubes. Qué blanco el sabor de la libertad.

Poco a poco la niebla desciende por el brezal de la ladera, hacia el lugar donde comienza a cantar un grillo.



de vuelta a casa,
apoyadas junto al puente
dos varas de avellano